Donald Trump pone la Inteligencia bajo su control
Aparta a Dan Coats para colocar a otro jefe del servicio secreto que niega la injerencia rusa
Donald Trump ha dado otro paso para poner al frente de todo el aparato de seguridad de Estados Unidos a líderes leales a su persona. Ahora le ha tocado al Director Nacional de Inteligencia, un puesto que supervisa el funcionamiento de 17 de las 40 agencias de Inteligencia y seguridad de EEUU, dirige la estrategia nacional de espionaje, y controla el informe de seguridad nacional que es el primer documento que lee el presidente todas las mañanas.
Dan Coats, que ocupaba el cargo desde hace 28 meses, deja la Administración, debido, según los medios de comunicación de EEUU, a sus críticas a Trump por su política hacia Rusia y Corea del Norte. El candidato de Trump a sustituirle no parece compartir esas ideas: es el miembro de la Cámara de Representantes John Ratcliffe, uno de los críticos más duros de la investigación del fiscal especial de la ‘trama rusa’, Robert Mueller. La actuación de Ratcliffe en la comparecencia de Mueller en el Congreso, la semana pasada, le valió una felicitación online -vía Twitter- de Trump y, según la prensa de EEUU, le abrió las puertas de su nueva posición.

Coats es un republicano conservador totalmente identificado con Trump en áreas como Israel y la lucha contra el terrorismo, pero que no coincide en todo con el presidente. Según la web especializada en información política Axios, el todavía Director Nacional de Inteligencia desató las iras de Trump cuando, hace justo un año, declaró a la cadena de televisión MSNBC que «tengo que corregir» la afirmación de Trump, realizada tras reunirse en Helsinki con el presidente ruso, Vladimir Putin, de que Moscú no había intervenido en las elecciones de 2016. El 29 de enero, Coats volvió a contradecir a Trump, esta vez en el Senado, al declarar que «es improbable» que Corea del Norte abandone su programa de construcción de armas nucleares por más que el presidente sostenga lo contrario.
Esas discrepancias parecen estar en el origen de la carta de tono glacial que Coats ha enviado a Trump tras el anuncio de su cese, y en la que recuerda que su principal función en el cargo ha sido ofrecer información independiente y objetiva al jefe del Estado y del Gobierno.
Pero, más allá de la salida de Coats, el movimiento refuerza una doble tendencia en los EEUU de Trump. Por un lado, está el nombramiento al frente de departamentos de la máxima importancia de figuras con poco peso político y técnico, lo que hace que, en último término, sea el presidente y su entorno más cercano -fundamentalmente su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner- quienes ejerzan el control efectivo de la Administración Pública. Por otro, queda claro que los cargos con influencia están en manos de personas no sólo del Partido Republicano, sino con una fidelidad probada a Donald Trump.





