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Las fiestas callejeras con las que el XXV Foro de São Paulo ha celebrado estos días en Caracas los «logros» chavistas muestran que mucha de la izquierda latinoamericana se encuentra tan desnortada como cuando en 1990 se creó el propio Foro para buscar rumbo ideológico tras la caída del comunismo soviético.
La insensibilidad de tantos grupos de izquierda ante el colapso que sufre Venezuela en todos los órdenes –con una grave crisis humanitaria que por su volumen puede catalogarse como el mayor daño social en muchos años en toda la región– es prueba de que el paso por el poder de muchos de esos partidos no les ha servido para una «cura de realidad» que les llevara a dejar de lado dogmatismos y ganar en sensatez.

Perdido el tren
En lugar de aprovechar ese tiempo de gobierno y de bonanza económica para transformarse en fuertes partidos socialdemócratas, altanamente institucionales, siguiendo el ejemplo de Partido Socialista de Chile o incluso el Frente Amplio de Uruguay, la mayoría de las formaciones de izquierda ha insistido en el populismo (algo que también afecta a mucha derecha), perdiendo la oportunidad de modernizarse durante esas dos décadas de gobierno.
Es recriminable que ante el colapso venezolano esos partidos no admitan el fracaso del modelo y procedan a un cambio de discurso. ElPartido Socialista Unido de Venezuela no lo hace porque no piensa como un partido político sino como una mafia delincuente, pero ¿por qué habría de comportarse igual el resto de integrantes del Foro de São Paulo?
Cierto que hubo dirigentes que sintieron vergüenza de acudir a Caracas. Algunos partidos, además de los antes mencionados, no se presentaron, como Comunes y Revolución Democrática, ambos integrados en el Frente Amplio de Chile, o bien el PRD de México y Proyecto País de Ecuador. Y otros rebajaron el rango el jefe de delegación: del PTE brasileño, pilar básico del Foro, no acudió su presidenta, Gleisi Hoffmann, sino la secretaria de relaciones exteriores; y en representación del MAS no acudió el presidente boliviano, Evo Morales, un habitual de estos encuentros y quien sí estuvo en la reunión celebrada en La Habana el año pasado. La proximidad de elecciones en algunos lugares, como en el caso de Bolivia, desaconsejó hacerse una foto con Maduro. Todo eso hizo que a las sesiones asistieran menos de la mitad de los 800 delegados anunciados en un principio.





