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Nos tomamos la carretera porque ya no soportamos el hambre y nos han encerrado como para que nos muramos

Pobladores de la comunidad de Los Chorros, en el municipio de Sabanagrande, departamento de Francisco Morazán, la mañana de ayer bloquearon la carretera del sur, a la altura del kilómetro 52.

Los manifestantes se tomaron esta importante vía de comunicación, aduciendo que desde el 18 de marzo el alcalde de Sabanagrande, German Rafael Díaz Ávila no les ha vuelto a entregar la bolsa con víveres por estar en aislamiento, para evitar el contagio del COVID-19.

Aproximadamente a las 9:00 de la mañana se apersonó un contingente de policías antimotines, de inmediato comenzaron a lanzarles bombas lacrimógenas a los pobladores enardecidos y con hambre.

Como respuesta al gas lacrimógeno, los manifestantes les lanzaban piedras a los uniformados, y mientras se desarrollaba el enfrentamiento, centenares de vehículos estaban varados en la carretera, expuestos a ser afectados por la reyerta.

Para poder detener el tráfico vehicular, los residentes levantaron barricadas con piedras, palos y otros objetos, y de remate, en la vía atravesaron un cabezal junto al furgón.

Al encontrarse en medio del “fuego cruzado”, varios conductores decidieron retornar con sus automotores, y algunos estuvieron a punto de impactar entre ellos, porque el humo de las bombas lacrimógenas se les introdujo al interior de las unidades, lo que puso en aprietos a los ocupantes que respiraron gran cantidad de humo.

“Ya no soportamos el hambre y nos han encerrado como para que nos muramos, porque no nos dan alimentos ni nos dejan salir, pareciera que estamos en campos de concentración Nazis”, manifestó llorando una de las participantes en la manifestación.

“Lo único que estamos haciendo en este lugar es pidiendo comida, pero lo que nos mandaron fue bombas lacrimógenas, como que si eso van a comer nuestros hijos”, lamentó otra mujer, mientras se limpiaba la cara.

La mayor parte de los residentes en el sector de Los Chorros y lugares aledaños viven de la producción y venta de productos elaborados de maíz, como ser las tustacas, rosquillas y quesadillas, entre otros.

La mayoría de esta panadería tradicional la comercializan en el interior de los autobuses, otros se dedican a su elaboración y muchos laboran en lugares donde fabrican y expenden los productos, pero con el confinamiento para prevenir el COVID-19 han quedado sin alimento y sin ninguna oportunidad de trabajar. (EB).

Casi todos los jóvenes de esta zona de Sabanagrande se dedican a la venta de productos derivados de maíz.