Columnas Honduras

Artículo de Opinión | El principio del Ahorro

artículo de opinión

Por Walter Romero

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Benjamín Franklin solía decir: «Un centavo ahorrado es un centavo ganado». Esa es una gran verdad: una de las formas más efectivas de darnos un aumento de salario es reduciendo nuestros gastos, y cuando hablo de gastos quiero decir aquello que son simplemente deseos y que no son una necesidad.

El problema con nuestra capacidad de ahorrar tiene que ver, muchas veces, con la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Algunas personas se verán a ellas mismas como ahorradoras. Tratan de guardar y de ahorrar cuanto centavito encuentren. Otros, por su lado, se ven como «inversores». Este tipo de gente es la que regularmente habla de «invertir» en una computadora, en un auto nuevo, en un televisor, o un equipo de sonido para el hogar.

Sin embargo, aquí hay una idea muy importante para compartir con estos «inversores»: nunca podemos ahorrar gastando. Pareciera ridículo tener que decirlo, pero muchos «inversores» creen sinceramente en las campañas publicitarias que dicen «Compre y ahorre» o «Compre ahora y ahorre después». Cuesta tener que explicar que estos términos son contradictorios y opuestos.

Otros simplemente son gastadores compulsivos, que la única forma de calmar su ansiedad es gastando el dinero. Sobre todo el que duele menos gastar, el dinero plástico “con la tarjeta de crédito” e inconscientemente terminan endeudándose hasta quedar atrapados en la cárcel de la deuda.

Uno no puede gastar y ahorrar al mismo tiempo, excepto, por supuesto, cuando compramos para satisfacer una necesidad real y la compra se hace a un precio más barato que el precio normal o regular.

Es por eso que me gustaría hacer un paréntesis para clarificar dos conceptos muy importantes: el concepto de la necesidad y el del deseo.

Antes de clarificar estos dos conceptos quisiera recalcar que no está mal tener deseos y satisfacerlos. No estamos promoviendo el masoquismo. Sin embargo, para llegar a fin de mes es importantísimo tener en claro cuáles son nuestras necesidades y cuáles son nuestros deseos.

Debemos ser buenos administradores del dinero y cuando recibamos nuestro ingreso quincenal o mensual tener el compromiso de destinar un porcentaje para ayudar a otros, a nuestra iglesia, comunidad y otro porcentaje para ahorro que nos servirá para invertir, tomar vacaciones y estar prevenidos para cualquier imprevisto.

Luego vamos a satisfacer nuestras necesidades reales y por ultimo satisfacer nuestros deseos solamente en el caso de que tengamos los recursos económicos disponibles para hacerlo.

  • La necesidad

Voy a definir como «necesidad económica» todas aquellas cosas que realmente necesitamos para sobrevivir: comida, vestimenta, un techo sobre nuestra cabeza, etc. No solamente cosas materiales o corporales, sino todo aquello que estemos verdaderamente necesitando para nuestra supervivencia como seres humanos (por ejemplo: seguridad, salud, transporte, educación, alimentación, vivienda, etc.).

Nosotros debemos colocar nuestras necesidades en el nivel de prioridad más alto. Debemos buscar suplirlas a toda costa. Allí deben ir nuestros recursos financieros sin mayores dudas ni retrasos, siempre -como le dije en párrafos anteriores- una vez que hemos destinado un porcentaje de nuestro ingreso para ayudar y otro para ahorrar.

  • Los deseos

Cuando hablamos de las compras que tenemos que hacer, todo aquello que no es una necesidad, es un deseo. Ya sea un deseo de calidad, en el que queremos satisfacer una necesidad con algo que tenga una calidad más alta o sea un deseo «propiamente dicho» (al que llamaremos simplemente «deseo», que significa que simplemente quisiéramos tener algo que nos gusta. En la medida que usted se convierta en un buen administrador de su dinero, las oportunidades tocarán su puerta en cantidades y es allí donde comenzará a vivir una verdadera prosperidad.