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El imperio del caos: al interior del penal de San Pedro Sula. Segunda parte.

InSight Crime.

Escrito por 

El rey joven

A cambio de la fama de Don Brevé, el reinado de Mario Henríquez era uno de terror y de abuso. Bajo su mandato, que también llevaba el sonoro nombre de “coordinador general de reos”, la extorsión era lo de menos. Robaba hasta la comida del Estado destinada a los reos más pobres, para revenderla a los restaurantes en la Zona Muerta.

“Él fue creciendo y creciendo hasta el punto en que ya no lo aguantamos”, explicó. “Decía que él era jefe de este penal y ahí el único jefe era Francisco Brevé, aunque estuviera libre”, contó un exsoldado de Don Brevé a InSight Crime.

La gota que rebalsó el vaso fue un día en febrero 2012, cuando la novia de un reo muy joven conocido como “Colocho” llegó a ver a su enamorado. Los hombres de Mario Henríquez la llevaron  a su cuarto y Mario la violó. La mujer salió y contó entre llanto a Colocho lo sucedido. El novio se volvió loco. Cogió una granada y se dispuso a matar a Mario Henríquez junto con todo su consorte e irse junto con ellos a la otra vida “¡De una puta vez!” pero un exsoldado de Don Brevé se lo impidió.

“Yo también caminaba con una granada en la mano, como un suicida de Al Qaeda”, dijo el exsoldado.

Hubo disparos, pero no era el momento y un hombre de apenas 26 años calmaba a las antiguas huestes de Don Brevé con la promesa de darles sangre pronto. La sangre de Mario Henríquez. Se trataba de José Augusto Días, mejor conocido como “Chepe Lora”.

Preciso, un mes después del primer revolcón, vino el golpe “de Estado”.

“Aquello fue una balacera, porque ellos estaban armados, y bien armados. Pero nosotros los agarramos de sorpresa”, dijo orgullosamente el exsoldado de Don Brevé y luego transformado en soldado de Chepe Lora.

Chepe Lora lideraba, entre otros muchos, a todos los cocineros. Un cargo prestigioso en los penales. Por eso, buena parte de la saña de la revolución de Chepe Lora se dirigió hacia la cocina. Mataron a varios a balazos y luego le dieron fuego al lugar con los cadáveres dentro. De ellos solo se salvó Roberto. Un reo viejo, con muchos años dentro de este lugar. Sin embargo, la sangre y la barbarie de ese día le dejaron loco. Ahora vaga hablando solo por los callejones del penal como un fantasma de aquella masacre.

Mario y sus pistoleros se escondieron dentro de su bartolina, una de esas celdas privilegiadas, y para ellos la misma tónica: fuego y plomo. Todos murieron. Mario Álvarez también pero su cadáver tenía otro destino.

Un reo que participó en la revuelta nos cuenta:

“Yo llegué a la bartolina de Mario [a] ver qué nos llevábamos y cabal me topé con el muerto. Y con otro lo arrastramos para afuera”.

Otro exreo continua el relato:

“Ahí lo agarró ‘Shrek’”, refiriéndose a otro recluso conocido por el nombre del famoso personaje de DreamWorks. “Con un corvo le quitó la cabeza y le metió una gallina en el hoyo. Se estaba desquitando porque ese Mario le había mandado a dar verga [golpear] una vez. De ahí ‘David el Nuevo’ le quito la paloma [pene]”.

Dicen que dieron el pene y las vísceras de Mario al perro que él mismo tenía de mascota y guardián. Luego decapitaron al perro. La cabeza de Henríquez fue lanzada al techo de la guardia con un tiro en cada ojo y así, consumido enteramente por el penal, terminó su gobierno.

Luego, cuando se calmaron las aguas, los presos más viejos discutían quien sería el nuevo líder, hasta que irrumpió Chepe Lora con su banda de chiquillos y les informó que había un nuevo señor en el penal de San Pedro Sula: él mismo.

Todos los reos con los cuales hablamos recuerdan aquel periodo  como un tiempo de paz y prosperidad. Exreos nos hablan de fiestas con prostitutas, música en vivo y comida gourmet. Los administradores oficiales de aquel lugar lo vivieron como un remanso.

Chepe Lora se rodeó de gente joven. Fue una forma de romper con las viejas estructuras del pasado.

Chepe Lora también era reconocido como un Robin Hood en los barrios de San Pedro Sula. Se hicieron famosas las historias de gente llegando al penal a pedirle dinero para medicinas y comida. Se cuenta que incuso traspasó los muros de su reino, el sector paisa, para dialogar y poner en cintura a los intratables: la MS13 y el Barrio 18, y que logró someterlos a su buen gobierno. So pena de correr la misma suerte que Mario Enriquez. Intimidó y sometió con palabras a las dos pandillas más grandes del mundo, y esto no es algo que se pueda decir de muchas personas, incluyendo presidentes, en Centroamérica.

El periodista José Luis Sanz del periódico digital El Faro.net visitó el penal durante el gobierno de Chepe Lora en 2012. Lo describió como un hombre razonable con muchas cicatrices. A Chepe Lora le faltaba un dedo y tenía muchas costuras más sanadas, pero de buenas maneras. Tituló su material, “El rey justo de la cárcel del infierno“.

La visita (III)

Es un día entre semana y la fila se ve mucho más corta. La guardia hace una pequeña inclinación de la cabeza y se pasan de una mano a la otra un billete de 50 lempiras. Así se entra sin una palabra más ni registro.

Pasamos por la puerta principal de la guardia hacía la Zona Muerta, el corredor donde hay talleres, tienditas y restaurantes. Es difícil distinguir entre visitantes y reos. No hay guardias adentro.

A los pocos metros entramos por una puerta gruesa de metal que separa “los privados” del resto de la población. Allí nos sentamos en el cuarto de uno de ellos, un expolicía que entró al penal en las mismas fechas que el abogado. Su cuarto tiene nevera, televisión por cable, un baño privado y una cama doble. En el piso al lado de la cama está un bulto de Nitro Tech, una mezcla de polvo de proteína, una jarra de aceite de pescado y una caja de Corn Flakes.

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En este lugar hay entre 10 y 15 reos. Son expolíticos, militares y narcotraficantes. Incluso hay un miembro de una familia adinerada condenado por homicidio. Al expolicía lo agarraron cargando cientos de miles de dólares en efectivo, pero él dice que fueron préstamos para abrir un autolote e insiste en su inocencia.

 

Su proceso sigue. Más de la mitad de los 17.000 presos en el país están en lo mismo, o sea, esperando que su juicio se termine con un veredicto, y así por lo menos pueden planificar sus vidas.

Mientras tanto se integra en el sistema. Los antiguos habitantes de “los privados” nos cuentan que no hace falta el abolengo. Lo más importante es la plata. Pagarle al administrador del presidio, en este caso a Hugo Hernández, la cantidad que él solicite. “¿Y cómo hace Hugo Hernández para saber cuánto cobrar?” preguntamos a uno de los antiguos habitantes.

“Él calcula”, responde. “Si usted tiene mucha plata le pueden cobrar hasta US$20.000. Si es alguien más pelado, así como yo, le cobran US$5.000. Pero, eso si hay alguno vacío. Si no, le venden nada más el pedazo y a usted le toca construir y amueblar. Le dan a usted un día, uno solo, para que usted meta ahí cuanta mierda quiera. Su televisor, su aire acondicionado, su cocina, su cama y todo lo que quiera. Después de ese día, si quiere meter algo extra ya es otro dinero”.

No todo el dinero es para Hugo Hernández. También el “coordinador general de reos” de turno se lleva una tajada por dejar tranquila a la élite burguesa del presidio. Él es quien escoge a ciertos reclusos “los más honrados y honestos” y los manda a trabajar ahí. Cada uno en esta élite tiene bajo su cargo a uno o varios reos, en una forma casi de apadrinamiento.

“A mí me mandaban a comprar comida a los comedores, a comprar licor, o cerveza si el señor quería tomar”, dice un reo que era ayudante de uno de estos.

“Además le hacía la limpieza del cuarto y miraba que nadie le robara nada. Mi patrón era buena gente, me daba de su comida y a veces nos poníamos a jugar FIFA en el play [Playstation]. Pero siempre me ganaba”.

Cada reo privado también paga al coordinador una mensualidad de 500 lempiras para la “administración”. Dicen que va a ese mismo rubro misterioso de “gastos no gubernamentales”. Tan integradas están estas prácticas en el sistema que le dan a cada persona un recibo de pago. (Ver foto abajo)

Prison Reciept San Pedro Sula

Inquietos por las irregularidades, pasamos otro día por la cárcel, esa vez para hablar con la administración y sacar su versión. Después de una hora de esperar en la oficina del penal viendo como entraban y salían visitantes y grandes fardos de mercadería sin revisar, llamaron de la oficina del director, el teniente coronel Pedro Donoban nos esperaba. Fue una reunión breve. Él movió sus enormes brazos enérgicamente, dio un par de manotazos en el escritorio y nos invitó a salir del presidio acompañados por un par de soldados.

Logramos ver a Hugo Hernández, el administrador, ese mismo día en el Gran Hotel Sula. El más grande y prestigioso hotel sampedrano. Está nervioso, suda y engulle de forma compulsiva un enorme postre y un refresco. Empezamos la indagación suavemente.

– Don Hugo, entendemos que hay cierta división entre reos comunes y reos que pagan por tener espacios privados dentro del presidio. Varias de estas personas afirman haber pagado sumas de hasta US$10.000 a su persona para poder tener esto.

“Es mentira”, nos contesta. “Lo que pagan ellos es una mensualidad de 500 lempiras [US$20] como apoyo al penal. Yo les doy recibo y todo. Pero nada más, yo no cobro nada”.

– Don Hugo, ¿Cómo se justifica por parte de la administración la existencia de un lugar especial en donde los reos pueden construir sus propios cuartos? Los testimonios de varias personas apuntan hacia cobros no formales por parte de su persona para poder tener acceso a esto.

“Aaaah, eso no es así. Eso es mentira… que tenga conocimiento yo no”.

– ¿Cómo no?

“Pero que yo tenga conocimiento no”.

– ¿Es posible que los reos construyan sus propios cuartos sin que usted, que es el administrador, se dé cuenta?

“No es que mire… yo… no… no sé”.

– ¿Cómo determinan entonces quién es merecedor de un privado y quién no lo es?

“Ahí… no… o sea, es que haya pues. Si hay se lo damos”.

– ¿Basta con pedirlo?

“Sí… y ahí se lo dan. Lo que pasa es que a veces hay personas que tienen un cuarto y lo alquilan. Pues por la necesidad… Dicen, pues porque yo no conozco bien las normas allá adentro. Es peligroso andar de metido. Del portón para adentro son otras normas”.

El reinado del desorden

Chepe Lora era el coordinador cuando el abogado y su compañero de celda entraron al presidio en 2012. Y se enteraron que el motín que pasó a los días de diciembre, de haberse llegado, era un ataque a la Celda 25, a unos que no seguían las reglas y que estaban intentando reintroducir el sicariato de los viejos tiempos de los pesetas. Como la mayoría del penal, daban las gracias de haber tenido a Chepe Lora como coordinador durante varios años.

El abogado pasó solo un año en el presidio. Luego un juez lo absolvió de los cargos de narcotráfico y lavado. Ahora es abogado defensor de muchos de los mismos reclusos de San Pedro Sula, pero no quiere recordar nada de su propia estadía.

“Yo borré todo eso de mi vida”, nos dijo. “Todo recuerdo no lo quiero conservar”.

Por su parte, el expolicía sigue adentro donde los privados, esperando que su juicio se resuelva por las buenas o por las malas. Tiene fama de ser sensato, un hombre que lleva la calma en medio del caos. Adentro le dicen “comandante”.

La cuestión es si se resuelve un vacío de poder en cualquier presidio con ladrillo y cemento.

Como pasó con Don Brevé, Chepe Lora salió de la cárcel y con él se fue la seguridad y el orden. El penal, luego de otras luchas de poder, es llevado por un hombre conocido como “Chicha”, nombre que se le da  a un agua ardiente artesanal muy fuerte, y su banda. Sin embargo, todo se vino abajo. Hubo más masacres, motines, robos y riñas entre reos. El administrador, Hugo Hernández también fue víctima de una de estas luchas de poder y fue asesinado en noviembre de 2016 durante un ataque a un carro en San Pedro Sula. El nuevo rey no tiene el carisma de su antecesor.

La presente administración del presidente Juan Orlando Hernández reconoció la inutilidad de mantener vivo el presidio y en septiembre de 2016 dijo que iba a reemplazar las cárceles de San Pedro Sula y Santa Bárbara por dos cárceles nuevas de máxima seguridad. Ya pasaron a los primeros reos a los nuevos presidios. Entre ellos viajan, esposados y por primera vez en su vida carcelaria uniformados, Flash y El Susurro. Los señores del sector dieciochero.

La cuestión es si se resuelve un vacío de poder en cualquier presidio con ladrillo y cemento. El sistema carcelario no es del Estado hondureño. Es de aquellos que prosperan de la falta del mismo y de los que entienden que el desorden en la cárcel es su mejor amigo.El caos le legitima. Casi le legaliza. Sin ese desorden cualquier coordinador ya no es rey.

Chepe Lora lo aprendió cuando ya era demasiado tarde. Fue acribillado a balazos en uno de los suburbios los primeros días de julio de 2014 a las pocas semanas de haber conseguido su libertad. Algunos dicen que las balas que mataron a Chepe Lora las mandó su sucesor inmediato, otros que fue la MS13 por negarse en su momento a matar a un reo que a su vez vendía droga a la pandilla Barrio 18.

Algo seguro es que tuvo que ver con esa ley de la selva que impera, silenciosa y potente, desde esos callejones y celdas en el que viven los reos del presidio general de San Pedro Sula. El reino el caos.