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El poder oculto de ser generoso y agradecido.

 “El hombre sabio disfruta más dando de lo que el receptor disfruta recibiendo”.

“Pierdes todo aquello que no das libremente y en abundancia. Cuando abras tu caja fuerte solo encontrarás sus cenizas”, escribió Annie Dillard refiriéndose a la importancia de la generosidad. Dos milenios antes, el gran filósofo romano Séneca también había reflexionado sobre la importancia de la gratitud en sus famosas “Cartas de un estoico”, que escribió durante los tres últimos años de su vida y que denotan una gran sabiduría.

También se ha apreciado que la gratitud nos ayuda a mantener alejadas emociones tóxicas como la envidia, la frustración y la culpa, por lo que es muy eficaz para aliviar la depresión. De hecho, otra investigación realizada en la Universidad Nacional de Taiwán reveló que la gratitud incrementa nuestra autoestima ya que reduce nuestra tendencia a compararnos con los demás.

La auténtica generosidad: El camino hacia la gratitud

“Los beneficios o los perjuicios dependen del espíritu… Nuestro sentimiento sobre la obligación depende del espíritu con el que concedemos el favor; no hay que sopesar la calidad del regalo sino la buena voluntad que lo motivó. Así que eliminemos las suposiciones: el acto anterior fue un beneficio, y el segundo es un perjuicio. La buena persona ordena las dos columnas de su libro de cuentas y no se engaña voluntariamente añadiendo beneficios y restando perjuicios”.

Su mensaje nos enseña que la generosidad verdadera no es un dar para recibir algo a cambio sino un acto desinteresado. También nos enseña que la gratitud se calibra con la recompensa intrínseca al acto generoso, más que por el beneficio que podríamos obtener si nos devuelven el favor:

“Deberíamos intentar por todos los medios sentirnos lo más agradecidos posible. La gratitud es buena para nosotros mismos […] regresa en gran medida a sí misma. No hay persona que, al beneficiar a su prójimo, no se haya beneficiado a sí misma. No me refiero a que a quien hayas ayudado deseará ayudarte o que a quien hayas defendido deseará protegerte sino al hecho de que una buena conducta regresa en círculo para beneficiar al hacedor, así como las malas conductas retroceden sobre sus autores.

“La recompensa por todas las virtudes reside en la virtud en sí misma porque no se practican con miras a obtener una recompensa. La recompensa por una buena acción es haberla hecho. Estoy agradecido, no porque esa persona me devolverá el favor, sino simplemente porque he podido realizar un acto agradable y hermoso. Me siento agradecido, no porque obtendré un beneficio, sino porque he hecho algo que me agrada”.

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Y es que, sentirnos agradecidos incluso en los peores momentos y seguir dando lo mejor de nosotros, es un boomerang de positividad del que podemos beneficiarnos para desarrollar la resiliencia y una sensación de bienestar y paz interior. La decisión queda en tus manos.