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El Senado argentino rechazó el proyecto para legalizar el aborto

BUENOS AIRES — Por un estrecho margen, el Senado argentino rechazó en la madrugada del jueves un proyecto de ley para legalizar el aborto, con lo que propinó un revés al movimiento popular que llevó los derechos reproductivos a la cima de la agenda legislativa del país y movilizó a grupos de mujeres en toda América Latina.

Las posiciones a favor y en contra del proyecto lucharon para influir en los senadores indecisos hasta el último momento. Mientras los legisladores debatían el proyecto de ley en una sesión que duró más de dieciséis horas, miles de personas se reunieron afuera del Congreso y la Iglesia católica celebró una “misa por la vida” en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Los defensores del proyecto de ley —que hubiera permitido la interrupción voluntaria del embarazo durante las primeras catorce semanas— tenían expectativas de que Argentina pudiese empezar un cambio radical en los derechos reproductivos en una región mayormente católica, donde el 97 por ciento de las mujeres viven en países que prohíben el aborto o solo lo permiten en circunstancias excepcionales.

Cuando se anunció el resultado de la votación, en el lado antiabortista de la plaza, frente al edificio del Congreso, se lanzaron fuegos artificiales. Poco después, algunos activistas a favor de la legalización del aborto encendieron fuegos y arrojaron piedras al edificio. Los disturbios fueron efímeros, aunque reportes locales han mencionado que hubo algunas detenciones.

Miles de personas con pañuelos verdes —a favor— y celestes —en contra— esperaron varias horas de la noche afuera del Congreso, a uno y otro lado de la plaza, mientras los senadores debatían y votaban.

“Sabíamos que no iba a pasar, pero sentimos que teníamos que estar acá de todos modos para hacer sentir nuestra presencia”, dijo Jimena del Potro, una diseñadora de 33 años que llevaba un pañuelo verde en la muñeca y luchaba contra las lágrimas al hablar. “Ya no nos vamos a quedar calladas y no los vamos a dejar ganar. El aborto será legal pronto, muy pronto”, dijo.

Se registraron enfrentamientos con la policía afuera de la sede del Congreso en Buenos Aires después de que los legisladores rechazaran la propuesta para legalizar el aborto.CreditEitan Abramovich/Agence France-Presse — Getty Images

Si bien el rechazo de la propuesta fue considerado un revés importante para los activistas que la respaldaron, los analistas piensan que el ascenso improbable de este movimiento ya ha comenzado a transformar la región de una manera que hubiera sido imposible hace apenas unos años.

El derecho al aborto era una prioridad y “debe ser muy desalentador llegar tan lejos y fracasar”, dijo Benjamin Gedan, un experto en Argentina del Centro Internacional Woodrow Wilson, pero señaló que, de cualquier manera, los defensores de los derechos de las mujeres ya han cosechado éxitos en el país.

Personas que manifestaron su oposición a la propuesta celebraron la decisión del Senado argentino.CreditAlberto Raggio/Agence France-Presse — Getty Images

La campaña argentina es reconocida por haber instalado debates sobre distintos problemas de género, incluida la violencia doméstica, en una región socialmente conservadora en la que estos temas han sido tabú durante mucho tiempo. En Argentina, las activistas lograron que se aprobara una ley de paridad de género en las legislaturas.

“Si hacemos una lista de las cosas que hemos ganado y las cosas que hemos perdido, la lista de cosas que hemos ganado es mucho mayor”, dijo Edurne Cárdenas, abogada del Centro de Estudios Legales y Sociales, una organización de derechos humanos que apoya la legalización del aborto. “Tarde o temprano, será ley”.

Senadores argentinos durante el debate sobre la legalización del aborto, el miércolesCreditEitan Abramovich/Agence France-Presse — Getty Images

Para Argentina, el debate sobre el aborto ha afectado la identidad del país. Es donde nació el papa Francisco, el líder de los católicos del mundo y quien recientemente denunció al aborto como el “guante blanco” equivalente al programa de eugenesia de la era nazi.

No obstante, en los últimos años la relación entre Iglesia y Estado argentinos se ha alejado lentamente.

En 2010, Argentina se convirtió en el primer país en América Latina en permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo —un movimiento al cual la Iglesia se opuso con una fuerza similar a su batalla contra el aborto, al organizar protestas a las que se sumaron miles de personas—. Francisco, entonces arzobispo de Buenos Aires, calificó la propuesta de un “ataque destructivo al plan de Dios”.

El debate sobre el aborto dividió a la clase política y obligó a los líderes a aferrarse a sus convicciones personales y políticas. El presidente Mauricio Macri, un líder de centroderecha que personalmente se opone a legalizar el aborto, dijo a legisladores aliados que votaran conforme a su conciencia y aseguró que firmaría la ley si era aprobada por el Congreso.