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Caravana de migrantes: Euforia tras cruzar a México

La etapa más dura de la Caravana Migrante: “A Donald Trump le diría que voy a EEUU para trabajar”

TESTIGO DIRECTO

7.000 personas avanzan hacia el vecino del norte recorriendo 100 kilómetros a pie

Nueva marea humana hacia Estados Unidos

Las amenazas del presidente de EEUU, Donald Trump, que ya ha anunciado que enviará más de 5.000 soldados a la frontera con México no merma la ilusión de la Caravana Migrante por alcanzar ese país. Cada día, a las 03.00 horas, las 7.000 personas que conforman el éxodo sin precedentes en Centroamérica comienzan a caminar a paso firme con el mismo sueño: llegar a EEUU y dejar atrás para siempre la violencia y el desempleo que los ha arrastrado a un viaje que tuvo su comienzo, pero que nadie sabe cuál será su final.

Esta incertidumbre no frena para nada las metas de quienes lo dejaron todo en Honduras, Guatemala y El Salvador y que cada madrugada cargan en los hombros o arrastran en carritos de bebé sus bultos en los que llevan sus escasas pertenencias. Muchas de estas personas caminan con bebés y con hijos pequeños decenas de kilómetros bajo un intenso sol que supera los 40 grados. Nadie se rinde, porque nadie quiere volver la vista atrás hacia unos países que prácticamente los expulsaron sin darles la oportunidad de trabajar o de no correr el riesgo de caer bajo las balas. La etapa de ayer fue más dura que las anteriores: 100 kilómetros separan Pijijiapan y Arriaga. Tras limpiar el parque central de Pijijiapan, la Caravana comienza a andar en silencio, sólo roto por el llanto de algún bebé que vio perturbado su descanso cuando los organizadores comenzaron a gritar en un altavoz que era hora de ponerse en marcha. Son 7.000 sueños caminando con lo poco que se pudieron llevar y con el temor de que en cualquier momento el Instituto Nacional de Migración de México les ponga fin, algo que por el momento no ha hecho, más allá de retener y deportar a quienes optan por adelantarse a la Caravana e ir por su cuenta.

En el río de migrantes, que alcanza en la interminable carretera una longitud de decenas de kilómetros, se encuentran familias enteras y muchos adolescentes y jóvenes, quienes van escuchando reguetón para hacer más ameno el camino. La marcha va haciéndose cada vez más complicada conforme desaparecen las estrellas y la luna del cielo y surge una bola de fuego que eleva la temperatura a unas condiciones insoportables. Es el momento en el que la gente comienza a pedir que les lleven a los camiones y furgonetas que se hacinan con personas que sólo desean llegar a su destino lo antes posible. ‘Sólo mujeres y niños’, gritan cada vez que un camión estaciona para llevar a los migrantes, si bien los jóvenes corren mucho más y son quienes se montan desesperados en los techos, mientras que las familias con hijos deben seguir caminando y esperando a que algún vehículo se apiade de ellas.

Entre todas estas personas que sólo aspiran a una vida mejor, se encuentra una mujer que va sola con un pequeño bolso en su mano, un paraguas para protegerse del sol y un sombrero del club de fútbol hondureño Olimpia. María Carvajal, de 63 años y originaria de San Pedro Sula, asegura que pese a su edad, sus miras son “trabajar en EEUU de lo que haya, cuidando niños o hacer cualquier cosa”, con el fin de poder ayudar económicamente a sus ocho hijos. En cuanto vio en la televisión que la Caravana Migrante echaba a andar de su ciudad el pasado 13 de octubre, no lo pensó dos veces y sin avisar a ninguno de sus hijos, cogió dos vestidos, llamó a un taxi y se sumó al éxodo de su país.

En Honduras no ganaba nada y vivía de lo que mis hijos me daban, por lo que mi intención es ayudarles a ellos así como me han ayudado a mí”, afirma Carvajal, quien lanza un mensaje a Donald Trump: “Le diría que voy a EEUU por un trabajito y no a molestarle”. La mujer se agarra a un libro que le han regalado en el camino, titulado ‘¿Qué nos enseña la Biblia?’, y afirma que pese a la intención del presidente estadounidense de no dejarles entrar, “Dios nos guía y Él sabe dónde nos lleva”. Tiene claro que su objetivo es llegar a Nueva York, donde vive una amiga hondureña. Allí confía en encontrar un empleo, algo que no tiene desde los 20 años cuando trabajó de niñera. Esta incansable mujer caminó entre las 03.00 y las 06.00 horas más de 20 kilómetros. Posteriormente, esperó tres horas a que un vehículo de la Policía Municipal la llevara a las puertas de Arriaga, donde tuvo que andar otros cuatro kilómetros hasta el parque donde pernoctó en la calle. Carvajal considera “normal” que mucha gente haya optado por salir de Honduras, un país donde “hay familias enteritas que amanecen muertas en sus casas, en las calles y metidas en bolsas, incluidos niños inocentes, algo que no es justo”.