El fútbol debe definirse en la cancha y no desde la conveniencia de intereses privados.
La reciente jornada del fútbol hondureño volvió a encender un debate que desde hace años genera dudas entre aficionados, dirigentes y equipos. Esta vez fue el técnico Pablo Lavallén quien decidió expresar públicamente su inconformidad sobre el manejo del VAR y el evidente conflicto de intereses que, según su criterio, existe en el torneo nacional.

La crítica apunta directamente a Televicentro, empresa que además de proveer las imágenes utilizadas por el VAR, también es propietaria del Club Deportivo Olimpia. Para Lavallén, el problema no es únicamente deportivo, sino ético, porque considera que una compañía encargada de suministrar las imágenes que sirven para tomar decisiones arbitrales no debería tener al mismo tiempo intereses directos en la competencia.
El entrenador explicó que el VAR fue creado precisamente para ayudar al árbitro a tomar decisiones correctas mediante diferentes ángulos, repeticiones y tomas claras de las jugadas polémicas. La lógica del sistema es sencilla: mientras más perspectivas existan sobre una acción, mayor posibilidad tiene el árbitro de evaluar correctamente lo ocurrido en el campo.
Sin embargo, la polémica surge cuando, en jugadas que podrían perjudicar al Olimpia, las imágenes mostradas terminan siendo limitadas o insuficientes. Según el reclamo de Lavallén, en la jugada del penal señalado contra su equipo únicamente se presentó una toma lejana desde el centro de la cancha, sin ofrecer otros ángulos que permitieran apreciar con claridad el contacto y analizar objetivamente la acción.

Ahí es donde nace la sospecha y el cuestionamiento. Porque si quien controla las imágenes decide mostrar solamente una toma distante, el árbitro prácticamente queda condicionado a tomar una decisión basada en información incompleta. En otras palabras, el VAR deja de convertirse en una herramienta de transparencia y pasa a ser un instrumento que puede inclinar decisiones a favor de los de siempre.
Lavallén dejó entrever precisamente esa preocupación: que el manejo de las imágenes no sea neutral y que exista una selección conveniente de tomas dependiendo del equipo involucrado. Y cuando la empresa que controla las transmisiones también es dueña del club más ganador y poderoso del país, las dudas inevitablemente aumentan entre aficionados y rivales.
El debate ya no gira únicamente alrededor de un penal o de una jornada específica. La discusión real es si el fútbol hondureño puede garantizar igualdad y credibilidad mientras el sistema tecnológico arbitral continúe bajo el control de un actor con intereses deportivos directos dentro del campeonato.
La tecnología debería servir para reducir errores y generar confianza, no para profundizar sospechas. Por eso, cada vez más voces consideran que el VAR en Honduras debería estar administrado por una entidad verdaderamente independiente, capaz de garantizar que todas las imágenes, todos los ángulos y todas las jugadas sean evaluadas con absoluta imparcialidad. Porque el fútbol debe definirse en la cancha y no desde la conveniencia de quien controla las cámaras.






