La reciente revelación de casos que involucran a agentes policiales en actividades ilícitas ha reabierto el debate sobre la necesidad de impulsar una nueva depuración dentro de la Policía Nacional de Honduras. Expertos en seguridad consideran que los hechos registrados en los últimos meses evidencian fallas estructurales que requieren una intervención permanente y no acciones aisladas.
La discusión tomó fuerza tras la eliminación de la Dipampco luego del asesinato de cinco agentes en Corinto, Omoa, un caso que, según investigaciones y testimonios, estaría relacionado con operaciones irregulares ejecutadas por miembros de la institución. Además, han salido a la luz expedientes que vinculan a agentes de la DPI con allanamientos ilegales, robos y otros abusos de autoridad.
El exintegrante de la Comisión Especial para la Depuración Policial, Omar Rivera, señaló que la falta de controles permanentes ha permitido el resurgimiento de prácticas que afectan la credibilidad de la institución. Recordó que después del proceso de depuración iniciado en 2016, miles de agentes fueron separados, pero algunos lograron reincorporarse mediante resoluciones judiciales o influencias políticas.
Por su parte, el abogado Germán Licona consideró que una eventual depuración debe involucrar no solo a la Policía Nacional, sino también al resto de operadores de justicia, incluyendo el Ministerio Público y el Poder Judicial, para garantizar resultados sostenibles en la lucha contra la corrupción.
Los especialistas coinciden en que los recientes escándalos representan una oportunidad para revisar los mecanismos de supervisión y control dentro de las fuerzas de seguridad, con el objetivo de recuperar la confianza ciudadana y evitar que estructuras criminales continúen infiltrándose en las instituciones encargadas de combatir el delito.






