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VIDEO | Otras tragedias aéreas de la Historia del Deporte

El País.- Los supervivientes de una tragedia aérea viven el resto de su vida señalados por la marca del destino, los muertos entran directamente a formar parte de la memoria colectiva. Los mitos de Bobby Charlton, Matt Busby, Valentino y Sandro Mazzola, Marcel Cerdan y Edith Piaf surgieron de la conmoción provocada por accidentes aéreos.

Bobby Charlton vivió para guiar a Inglaterra a su primer y único Mundial de fútbol. Lo ganó en Wimbledon, en 1966, ocho años después de sobrevivir al accidente de Múnich que marcó la historia del Manchester United y el espíritu de sus seguidores. También sobrevivió Matt Busby, el entrenador que había cogido en febrero de 1945, con la II Guerra Mundial aún destrozando vidas, a un equipo casi inexistente y con un estadio de Old Trafford destruido por las bombas alemanas para convertirlo en pocos años en uno de los mejores de Europa. Era un equipo tan joven que a sus jugadores se les llamaba los Busby Babes.

Ocho de aquellos niños, chavales de que no habían cumplido los 25 la mayoría, figuraban en la lista de 23 pasajeros que murieron el 6 de febrero de 1958 al estrellarse el vuelo 609 de la British Airways en Múnich, donde se había detenido a repostar. El equipo regresaba a Manchester desde Belgrado, donde había eliminado al Estrella Roja de la Copa de Europa. La pista del aeropuerto alemán estaba cubierta de nieve, y las alas del avión. El piloto intentó infructuosamente despegar dos veces el Air Speed AS-57. Al tercer intento lo estrelló.


El avión del Manchester United siniestrado en Múnich (1958).

El Fiat G212CP de la Avio Line Italiana que transportaba al Torino de regreso a Turín desde Lisboa, donde había disputado un amistoso con el Benfica, se estrelló contra el terraplén de la basílica de Superga, la colina que domina la capital del Piamonte, el 4 de mayo de 1949. Murieron los 31 ocupantes del avión, 23 de ellos eran jugadores del equipo, la mejor escuadra de Italia, ganadora de los últimos cuatro scudetti y mayoritaria en la Nazionale. Era el Grande Torino de Valentino Mazzola, el mejor jugador del mundo entonces en el mejor equipo, los inventores del fútbol total 25 años antes de que el Ajax patentara la marca. La federación decidió que el Scudetto de 1949, para el que quedaban solo cuatro jornadas, se le adjudicara al Torino, que jugó el resto de la temporada con el equipo juvenil, gesto imitado por los equipos con los que se enfrentaba. En 1950, la selección italiana viajó en barco a Brasil para disputar el Mundial.

Marcel Cerdan viajaba a Nueva York el 27 de octubre de 1949 para disputarle a Jake LaMotta la revancha del título mundial de boxeo de los medios. Con él viajaba la pasión de toda Francia, el país que le veneraba y se paralizaba cuando peleaba, y el amor de Edith Piaf, la cantante desgraciada, la amante del boxeador, casado y con dos hijos, el gran escándalo. Al ir a repostar en las Azores, el avión se estrelló. Cerdan tenía 33 años. Todos los franceses que vivían entonces recordaron toda su vida dónde estaban y qué hacían cuando recibieron la noticia aquel día de otoño del 49.
El avión en el que viajaba el Torino.

La carga del destino de Superga recayó sobre los hombros de su hijo Sandro, que no había cumplido aún siete años cuando murió su padre. Si Valentino, milanés de Cassano d’Adda, dio nacimiento al Gran Torino, su hijo Sandro fue el padre fundador del Gran Inter, el equipo de Milán en el que jugó toda su carrera profesional, 17 años. Le condujo a la victoria en cuatro ligas y dos Copas de Europa. Con la selección jugó la final del Mundial del 70, perdida ante Brasil.

Marcel Cerdan viajaba a Nueva York el 27 de octubre de 1949 para disputarle a Jake LaMotta la revancha del título mundial de boxeo de los medios. Con él viajaba la pasión de toda Francia, el país que le veneraba y se paralizaba cuando peleaba, y el amor de Edith Piaf, la cantante desgraciada, la amante del boxeador, casado y con dos hijos, el gran escándalo. Al ir a repostar en las Azores, el avión se estrelló. Cerdan tenía 33 años. Todos los franceses que vivían entonces recordaron toda su vida dónde estaban y qué hacían cuando recibieron la noticia aquel día de otoño del 49.