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Quién ganará la guerra comercial entre Trump y China.

Quién ganará la guerra comercial entre Trump y China, y a qué costo
El presidente Trump junto con el líder chino Xi Jinping durante su reunión en Beijing, en noviembre de 2017 (Agencia de noticias New China). (Los Angeles Times)

El presidente Trump y sus partidarios aseguran estar ganando la guerra comercial con Beijing. Basta con mirar la economía china: la nación está lidiando con una montaña de deudas, y su crecimiento e inversión se están desacelerando. Pero, ¿son las políticas comerciales de Trump responsables de los crecientes problemas de China? Si el mandatario estadounidense sigue presionando, ¿puede ganar? Y si es así, ¿a qué costo?

¿Cuál es el objetivo real de Trump?

Nadie está muy seguro de cuán lejos planea llegar Trump para presionar a China con fuertes aranceles comerciales. Un análisis realizado a fines de septiembre por el banco ANZ, con sede en Australia, predijo que la guerra durará hasta 2020 porque las dos partes están muy alejadas. Washington acusa a China de robar propiedad intelectual estadounidense y exige que abra más su economía a la competencia extranjera. China sostiene que juega según las reglas de la Organización Mundial de Comercio (WTO).

Algunos analistas creen que el verdadero objetivo de Estados Unidos es un “desacoplamiento” gradual de las dos economías más grandes del mundo, hasta ahora profundamente entrelazadas e interdependientes.

El gobierno estadounidense bloqueó las inversiones de varias compañías chinas prominentes —particularmente en los campos de las telecomunicaciones y la alta tecnología— considerándolas como amenazas a la seguridad estadounidense, y la inversión china en la economía del país se ha desplomado. Mientras tanto, algunas empresas estadounidenses planean mudar sus operaciones fuera de China si la guerra comercial se prolonga.

“No hay duda de que las relaciones entre EE.UU. y China han cambiado, desde un compromiso competitivo y asegurado, a una competencia total en numerosos frentes”, indicó el analista Richard McGregor, del Instituto Lowy con sede en Sydney, que se encuentra actualmente en Washington.

“No se trata sólo del comercio. Es [un tema] geopolítico, militar, diplomático y económico, por lo cual no hay un punto final real a la vista. En muchos aspectos, también es una competencia decisiva entre sistemas políticos rivales”, explicó McGregor.

El especialista consideró que la idea del desacoplamiento de las economías también se había consolidado en Beijing.

“Ambas partes quieren desenredar secciones de su relación económica por motivos de seguridad nacional, para garantizar que no dependan entre sí en ningún área fundamental. Los negocios y el comercio solían proporcionar algo de contrapeso a la competencia geopolítica. Ahora, los negocios son solo otro campo de batalla”.

Una interpretación popular en China es que el conflicto económico tiene que ver con “contener” su ascenso como líder mundial de alta tecnología. Cuanto más tiempo continúe la guerra, más incierto será el resultado, ya que ambos lados aumentan la presión en formas diseñadas para rivalizar.

¿La guerra comercial de Trump ejerce tanta presión sobre la economía china que ésta se está desacelerando?

La economía de China se está desacelerando y podría hacerlo aún más, advierten los analistas. Pero afirman que no tienen nada que ver con Trump o la guerra comercial. En cambio, ello está relacionado con las políticas del gobierno chino desde 2016 para controlar la montaña de deuda del país.

Durante años, el crecimiento chino se vio impulsado por el crédito, parte de éste emitido por instituciones turbias conocidas como “bancos en la sombra” porque operaban fuera del sector formal, lo cual dificultaba el control del gobierno. Entre 2008 y 2017, el crédito de China creció más rápido que el de cualquier otra economía en la historia: $29 billones, en comparación con el crecimiento del producto interno bruto (PIB), de $7 billones.

Al parecer, las reglas normales de auge y caída no se aplicaron. A mediados de 2017, la deuda de China alcanzó el 256% del PIB. Algunos economistas creen que las poderosas palancas de China sobre su economía, sus vastos activos y sus altos niveles de ahorro implican una cualidad ‘a prueba de impactos’ que otros países no poseen. Sin embargo, otros especialistas advierten que esos días están llegando a su fin.

El crecimiento del PIB chino bajó de 6.8% en el primer trimestre a 6.7% en el segundo, y se espera que se desacelere aún más en los próximos meses. El gasto en infraestructura fue del 6% en el primer semestre, en comparación con el 8.6% del año anterior.

“China ya no está aislada de una desaceleración en su crecimiento económico gracias a su extraordinaria tasa de ahorro. De manera similar, no es la presión comercial de Estados Unidos la que provoca este ajuste en su perspectiva económica. Eso es muy importante porque significa que China debe cambiar su rumbo, independientemente de si lo que hacemos aquí en Washington es malo o bueno”, destacó Daniel Rosen, analista económico de China, al lanzar un informe de su coautoría —”Crédito y credibilidad: riesgos para la resiliencia económica China”— en el Center for Strategic and International Studies, en Washington, a comienzos de octubre.

China ha intentado reducir los préstamos incobrables de los bancos y los préstamos extrapresupuestarios de los gobiernos locales, lo cual llevó a una desaceleración económica a medida que el crédito se reduce. Esos movimientos se complican por la guerra comercial, que amenaza aún más el crecimiento y pone a la economía china bajo presión adicional.