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Condenan a un matrimonio a pagar multa por las perturbaciones nocturnas «estridentes» de sus gallos y gallinas.

El derecho al reposo de los vecinos prevalece sobre el de la crianza de gallos y gallinas

Lisboa 

Los gallos también deben tener un horario para cantar. Así se deduce de una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia de Portugal que condena a un matrimonio a pagar mil euros a los vecinos por las perturbaciones nocturnas «estridentes» de sus gallos y gallinas.

En este caso, los gallos y gallinas no cantaban y cacareaban al amanecer sino horas antes, perturbando el descanso de los vecinos, que denunciaron a los criadores. El caso se remonta a 2012, cuando un matrimonio de Arcos, en las proximidades de Braga, decidió construir un gallinero y una conejera a cuatro metros de una ventana de la finca colindante.

Varias gallinas y un gallo.
Varias gallinas y un gallo. PIXABAY

Los vecinos denunciaron los olores y ruidos que producían los animales y exigieron la retirada del gallinero y sus animales, porque no podían dormir de una forma «reparadora, adecuada y razonable». El tribunal de primera instancia declaró improcedente la denuncia al estimar que era la actividad normal de los animales en el campo. En segunda instancia, el juez dio la razón a los denunciantes y el caso acabó en el Supremo, que ha fallado en contra de los gallos.

El Tribunal Supremo considera que el derecho al reposo, al sueño y a la tranquilidad prevalece sobre los intereses de la crianza de gallinas y gallos, ya que la privación de sueño y de descanso provocan alteraciones fisiológicas en los vecinos y tiene consecuencias en el ámbito personal, profesional y social. El tribunal, aparte de condenar a los propietarios de las aves con el pago de una indemnización de mil euros a los vecinos, ordena la retirada del gallinero de ese lugar.