martes, marzo 5, 2024

Libre, y oportunidades democráticas

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Juan Ramón Martínez

Libre, -encabezando un gobierno que ha querido ser transformador-, ha ido muy rápido. Y sin recursos humanos calificados, apelando a la sorpresa; e incluso al chantaje, a nivel nacional e internacional, se ha agotado fatalmente. Más allá de sus capacidades internas de recuperación. Por ello, busca defender lo conquistado: directiva del Congreso, Corte Suprema de Justicia, cambio total de los ejes de la política exterior; y, modificación del modelo económico. Porque lo ha conseguido más que por sus méritos, por las debilidades de sus adversarios y las vacilaciones de sus posibles antagonistas internacionales.

Entre sus debilidades, destaca las del frente interno, donde ha perdido respaldo de sus bases que, han entrado en modo de ingobernabilidad. Agotado en sus fuerzas y reducida su capacidad de sorprender, ha lanzado la propuesta de un acuerdo con el Partido Liberal. No porque quiera ayudarles y busque hacerse perdonar, sino porque pretende, eliminar un obstáculo y frenar la rebelión legislativa. Por ello, igual que con Taiwán, busca vía el chantaje, doblegar al Partido Liberal que, todavía no se recupera de las heridas que Zelaya le infligiera en el 2009. Los líderes del Partido Liberal tienen un problema existencial. Su existir está determinado por el rechazo al Partido Nacional. Pero como este no está en el gobierno, su disposición hacia la unidad y la lucha, no encuentra sintonía, cuando quien le hace daño es Libre y su gobierno errático; e, inconsistente.

Por ello, los liberales confunden los éxitos de Libre con la patria, la efi ciencia del gobierno de Xiomara Castro, Patricia Rodas y Rixi Moncada, con la felicidad de Honduras; y la tranquilidad emocional de Manuel Zelaya con la comodidad de los hondureños. Estas tres falsas equivalencias, dentro de la “lógica” liberal, al cambiar a Libre por Partido Nacional, que antes les daba fuerza; ahora los pone de rodillas, agachando la cabeza para que los destruyan. “Mel” es muy hábil. Conoce a sus “correligionarios”. Sabe que muchos de ellos están desesperados por el largo tiempo en el desierto; otros quieren que les devuelvan los bienes que los gobiernos anteriores les quitaron; y, en fin, simplemente, buscan que, al volver Libre, juntos, pueden derrotar a los nacionalistas, cuando estos no son sus enemigos y, menos la amenaza de su existencia comprometida. Un liderazgo auténtico, estaría en este momento listo y dispuesto. Contra Libre con el agua al cuello, agotado y sin fuerzas para proteger los espacios conquistados.

Sereno y tranquilo, esperando que pegue el pico en el suelo, para desde el lado, someterlo a la camisa de fuerza de la democracia, acortando el distanciamiento con los Estados Unidos, recuperando espacios para la inversión privada; y, trabajando para devolverle eficiencia al gobierno, mediante el liderazgo de los mejores recursos del país. Sin que, para ello, sea necesaria una alianza que vistos los antecedentes de “Mel” Zelaya -incapaz para honrar sus compromisos, porque es un inveterado traidor que incluso apuñaleo al Partido Liberal que lo llevó al Ejecutivo y a Nasralla, que le permitió regresar- carece de futuro y no tiene sentido para darle benefi cio al país, a los hondureños; y, mucho menos, al Partido Liberal.

Este es el momento de “terminar” políticamente con “Mel”. Y eliminar el peligro de Libre, porque sus fuerzas están disminuidas, las bases populares rebeladas en todo el país; y el entorno internacional, operando con vientos contrarios a sus intereses. Un PL coherente, unifi cado -y sin el liderazgo engañoso de Luis Zelaya y otros “bárbaros”-, estaría en este instante no esperando que Libre le haga planteamientos de cogobernar. Porque ello es un suicidio en vista que, Libre ha dañado todas las estructuras políticas, económicas y sociales internas. Sino que, planeando, como doblegarlo, reduciendo su voluntad.

El fin de la política no es el mismo que el de la Cruz Roja. En la política, el fin es destruir la fuerza de respuesta del adversario, para que haga la voluntad del triunfador. Y en este momento, el PL, aun con las fallas conocidas, es el partido que puede neutralizar y poner de rodillas a Libre; y, sacar a “Mel” de la política. Fortaleciendo la democracia. Para ello, se requiere líderes liberales auténticos y valientes. No infantiles “bomberos”, ansiosos por salvar al “asesino” que, esconde la pistola, para terminar la faena del 2009. “Matando” al Partido Liberal.

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