Tegucigalpa, 20 de abril de 2026 — Honduras se encuentra en una encrucijada histórica: o redefine su modelo económico con una visión de largo plazo o arriesga permanecer atrapada en un ciclo de bajo crecimiento y persistente pobreza. Esa fue la advertencia central del economista de desarrollo Ian Walker durante la presentación de su más reciente estudio, “Crecimiento Estancado, el Agotamiento de la Estrategia de Crecimiento de Honduras y las Posibilidades a Futuro”, ante periodistas y académicos.
El análisis, presentado en un evento organizado por UNITEC/CEUTEC junto a Sendas Think Tank, plantea una meta ambiciosa pero necesaria: el país debe aspirar a un crecimiento económico sostenido del 6 % durante al menos dos décadas para lograr una reducción significativa de la pobreza.
Walker explicó que esta cifra no es arbitraria, sino que responde a experiencias previas del propio país. Entre 2002 y 2008, Honduras registró uno de sus períodos de mayor dinamismo económico reciente, con un crecimiento promedio del PIB per cápita de 3.13 % anual. Este desempeño, combinado con un crecimiento poblacional cercano al 3 %, permitió que la economía en su conjunto creciera alrededor de un 6 % anual.
Según el economista, ese impulso estuvo respaldado principalmente por mejoras en la productividad laboral, un factor que hoy vuelve a colocarse en el centro del debate. Sin embargo, esa etapa de expansión no logró sostenerse.
A partir de 2008, una combinación de factores internos y externos comenzó a erosionar el crecimiento. Entre los elementos exógenos más determinantes, Walker señaló el impacto de la crisis financiera global de 2008, así como los efectos devastadores de la pandemia de COVID-19 en 2020 y los huracanes Eta e Iota, que afectaron gravemente la infraestructura y la actividad productiva en la zona norte del país.
En el ámbito interno, la crisis política iniciada en 2009 generó incertidumbre y debilitó la confianza en las instituciones, afectando la inversión y el clima de negocios. Como resultado, el crecimiento del PIB per cápita cayó a un promedio de 1.08 % anual entre 2008 y 2019, y descendió aún más a 0.81 % en el período 2019-2023.
Para Walker, el principal desafío no es únicamente recuperar tasas de crecimiento, sino hacerlo bajo un modelo distinto, adaptado a las transformaciones del entorno global. “El mundo ha cambiado”, subrayó, al mencionar fenómenos como tensiones geopolíticas, tendencias mercantilistas, políticas migratorias más restrictivas y el avance acelerado de la tecnología, en particular la inteligencia artificial y la llamada cuarta revolución industrial.
En este contexto, el economista advirtió que el enfoque tradicional basado en la manufactura orientada exclusivamente a la exportación ya no es suficiente. En su lugar, propuso diversificar las fuentes de crecimiento y apostar por sectores con mayor valor agregado y resiliencia.
Entre las oportunidades identificadas destacan el nearshoring en manufactura, el fortalecimiento de cadenas agroindustriales, y el desarrollo de mercados locales y regionales. Asimismo, resaltó el potencial de la construcción de vivienda e infraestructura, especialmente aquella vinculada a la adaptación al cambio climático.
Otros sectores clave incluyen la transición hacia sistemas de energía sostenible, la modernización del transporte público, el impulso al desarrollo humano y la mejora en la gestión de servicios ambientales. En el ámbito de servicios transables, Walker subrayó oportunidades en el turismo, los servicios médicos y la subcontratación de procesos de negocios (BPO).
No obstante, el economista enfatizó que el aprovechamiento de estas oportunidades requiere algo más que buenas intenciones. “Honduras necesita claridad estratégica”, afirmó, al señalar la importancia de identificar con rigor las ventajas comparativas del país y las barreras estructurales que limitan su desarrollo.
En ese sentido, hizo un llamado a un esfuerzo conjunto entre el sector público, privado y la sociedad civil para construir una economía más productiva, inclusiva y sostenible. La generación de empleo formal y de calidad, indicó, debe ser uno de los pilares de esta transformación.
Walker también destacó la importancia de fortalecer la capacidad institucional y mejorar el entorno para la inversión, elementos fundamentales para sostener el crecimiento en el tiempo.
Con una trayectoria académica y profesional que incluye su formación en la Universidad de Oxford, así como roles en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, Ian Walker ha dedicado décadas al análisis del desarrollo económico en América Latina, con un enfoque particular en Centroamérica y Honduras.
Su mensaje final fue claro: el país aún tiene margen para cambiar su rumbo, pero el tiempo para actuar es limitado. “Incluso en este mundo cambiante, Honduras sigue teniendo oportunidades importantes para expandir sus negocios y crear empleos más productivos”, afirmó.
El reto, concluyó, será traducir ese potencial en políticas concretas y sostenidas que permitan transformar la estructura económica del país y mejorar las condiciones de vida de su población.






