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Migrantes: «Por las noches se oye llorar a la gente»:

INDOCUMENTADOS

Las duras condiciones que soportan los migrantes de la caravana en Tijuana

Las autoridades mexicanas habilitaron un segundo refugio de emergencia en el este de Tijuana para miles de migrantes centroamericanos que viajaron como parte de la caravana para buscar asilo en EEUU, pues la situación en el complejo deportivo Benito Juárez ya es inmanejable, proliferan las enfermedades y la lluvia de este jueves agravó todo.
ISAIAS ALVARADO

30 NOV 2018 

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TIJUANA, México.– Le llovió sobre mojado al salvadoreño David Benítez: lleva más de 20 días con gripe y este jueves no encontraba dónde cubrirse de la tormenta que inundó el campamento para migrantes centroamericanos en esta ciudad fronteriza donde espera para pedir asilo en Estados Unidos.

Una sección de la cancha de béisbol en la que se instaló este refugio ya estaba inundada por un charco de agua sucia que se acumuló por las duchas, pero este jueves la lluvia que cayó agravó la situación.

«Aquí no sabemos si nos tapamos de la lluvia o nos subimos a algo para no estar en la ‘alberca negra’», dice en tono irónico este hombre que aún no decide si regresar a su país o mudarse a la explanad a El Barretal, el nuevo refugio que habilitaron el Instituto Nacional de Migración (INM) y otras entidades del gobierno mexicano para albergar –al menos– a la mayor parte de los 6,150 miembros de la caravana migrante. La mudanza será voluntaria y empieza esta misma noche.

«Quiero ver cómo está ese lugar, porque si es igual de feo que aquí pues mejor me regreso a El Salvador», sentenció Benítez, quien trata de llegar a Los Ángeles, California, donde vivió hace unos años, hasta que una enfermedad hizo que se fuera a su comunidad de origen. «Veremos qué pasa», agregó.

En el lúgubre campamento que parte de la caravana migrante está a punto de abandonar se sufre –sobre todo– por las noches, a partir de las 10:00 pm, cuando empleados municipales cierran los dos accesos. A esa hora el frío invernal cobra la osadía de estar a la intemperie. Incluso quienes duermen dentro de carpas e improvisadas casas de campaña elaboradas con lonas de plástico y colchas, también han contraído enfermedades respiratorias. Los niños han sido los más afectados.

Cientos que no alcanzaron un espacio dentro del albergue, se han instalado en la acera , sobre la calle Cinco de Mayo.

«En la mañana mi cobija se llena de agua porque gotea la carpa. Lo más difícil es no tener techo, por el frío», lamenta Norberto Caña, un salvadoreño de 50 años que tiene hace días un dolor de garganta que no se le va. «Por las noches se oye llorar a la gente, hombres y mujeres. Yo creo que tratamos de pensar en otra cosa porque si estamos con ese pensamiento nos ahorcamos»,expresó.

Caña dice que ya se acostumbró a dormir entre el ruido de quienes prefieren conversar y escuchar música, y la potente luz de los reflectores que jamás se apagan. «Así nos tienen controlados», dice este expolicía que huyó de su país porque miembros de la Mara Salvatrucha le dieron un ultimátum.

A este albergue en el centro de Tijuana también llegaron mareros, afirma Caña. «Vengo huyendo de los pandilleros y aquí vienen. Fuman mota (marihuana) aquí adentro. Cuando se bañan se les ven las letras (de la Mara)», asegura este centroamericano. Las autoridades no se han pronunciado sobre la supuesta presencia de delincuentes. Al momento solo un caso ha sido reportado por la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP), que esta semana detuvo a un marero que confesó que venía en la caravana.

Baños sucios, robos y droga

Los sanitarios portátiles suelen estar desbordados por tanto uso. Ducharse es un lujo. Varios traen apenas un par de mudas de ropa. Y para obtener algo siempre hay que hacer largas filas: recibir alimentos, hablar por teléfono con familiares, tener atención médica, conseguir artículos de higiene personal, cargar el celular o recibir asesoría legal.

Cuidar las pocas pertenencias es una regla no escrita en este lugar. A David Benítez le robaron el celular; a Norberto Caña, la ropa. «Solo tengo este pantalón. Me dieron un short y con ese me baño», dice Caña.

Dentro y fuera del campamento, las autoridades han puesto en cintura a los que se portan mal. César Palencia Chávez, director de Atención al Migrante del ayuntamiento de Tijuana, uno de los funcionarios a cargo de este sitio, detalló que han arrestado a 120 miembros de la caravana por distintas faltas.

Una familia camina bajo la lluvia en el campamento de la caravana migrante en Tijuana. Crédito: Isaias Alvarado

«Por fumar droga. Hubo casos delicados que ocurrieron afuera: algunos robos; unos que estaban en una tiendita de droga; y hasta hubo un presunto intento de violación contra una menor», aseveró.

En este ambiente insalubre e inseguro hay alrededor de 1,000 niños y algunos solo tienen un par de meses de edad. «Hay una realidad y son ellos», dice la hondureña Melany Murillo, apuntando a menores que hacen fila para recibir un plato con frijoles y espagueti que les entregan marinos mexicanos.

«El albergue ya superó su capacidad. Es horrible y parece que eso no les importa, aunque hay mujeres, adolescentes y niños», lamentó Murillo, quien tiene más de cinco meses de embarazo. «Mi mayor miedo y el de mi esposo es en qué condiciones, dónde y cómo nacerá mi hijo».