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Venezuela – Brasil, la frontera de la xenofobia y la continua tensión

La ciudad brasileña de Pacaraima, fronteriza con Venezuela, ha recibido la presión de la migración venezolana que huye de las precarias condiciones de su país. La llegada de los refugiados ha azuzado la xenofobia entre los locales.

Perdida en los confines de Brasil, la pequeña ciudad de Pacaraima se encuentra en estado de sitio, con el ejército movilizado para garantizar la seguridad en la frontera con Venezuela. La llegada masiva de refugiados venezolanos ha desestabilizado la tranquilidad de esta región, convirtiéndose en la principal puerta de entrada de inmigrantes venezolanos en Brasil.
Perdida en los confines de Brasil, la pequeña ciudad de Pacaraima se encuentra en estado de sitio, con el ejército movilizado para garantizar la seguridad en la frontera con Venezuela. La llegada masiva de refugiados venezolanos ha desestabilizado la tranquilidad de esta región, convirtiéndose en la principal puerta de entrada de inmigrantes venezolanos en Brasil. ARTE

Pacaraima se paralizó por unos días en agosto de 2018. Los vecinos de la localidad organizaron marchas contra la inmigración venezolana, que había llegado de manera ininterrumpida durante los últimos meses. Las protestas se volvieron violentas y los manifestantes quemaron el campamento donde se alojaban los recién llegados. Más de 1000 venezolanos tuvieron que regresar a su país.

Fue el ataque contra Raimundo, un comerciante de la ciudad, lo que desató la ira de los brasileños. Un grupo de venezolanos entró a robar en su local y le propinó una paliza que lo mandó al hospital. Esta agresión se sumó a la insostenible situación que se vive en la localidad, donde los migrantes, sin ningún tipo de infraestructura, duermen donde pueden y comen como pueden.

Los incidentes provocaron que la zona fuera declarada en estado de emergencia y se militarizara todavía más: el Ejército y la Policía patrullaban la región y tenían órdenes de registrar todo aquél que pareciera “sospechoso”, según el guarda fronterizo Magluf Ribeiro. Meses después, la presión ha disminuido, pero Paracaima sigue en tensión.

Las protestas no han ralentizado la migración de venezolanos

“Los venezolanos son unos ladrones. Entraron, robaron partes de motos y coches, cagaron en bolsas y las dejaron ahí”, opinó un enfurecido Josias Lopez, pastor evangélico de la ciudad. Se alegra de que se expulsaran a los venezolanos.

Sin embargo, el flujo migratorio no ha parado a pesar de las protestas y desmanes. Grupos de hombres, mujeres, niños y ancianos siguen cruzando la frontera con la esperanza de buscar oportunidades en Brasil. Pero sin dinero ni ayudas estatales, muchos no pueden salir de Pacaraima, donde se acumula la migración.

Alexander, un joven venezolano, lamenta que “el brasilero piensa de esta forma: aquel venezolano que se queda solo en Pacaraima es un vándalo”.

Los migrantes han empezado a crear pequeñas comunidades donde viven en conjunto. Algunos dicen tener miedo de caminar libremente por la ciudad. Para mantener a los niños fuera de las calles y entretener la espera, un venezolano que ejercía de profesor ha creado una escuela con la ayuda del padre Jesús Bobadilla, uno de los pocos vecinos que ha decidido ayudar a los recién llegados.

“Me tachan de loco, de comunista. Quien ayuda a los inmigrantes es el enemigo”, denuncia Bobadilla.

La xenofobia alimenta el apoyo político del presidente electo Jair Bolsonaro

El pasado 7 de octubre el político de ultraderecha Jair Bolsonaro ganó las elecciones y se convirtió en el presidente más conservador de Brasil hasta la fecha. En Pacaraima y en las regiones fronterizas recabó la mayoría de los votos de un electorado preocupado por las consecuencias de la migración venezolana.

En los meses previos a los comicios, las autoridades finalmente instalaron un puesto fronterizo en condiciones, donde se controla la llegada de venezolanos y también se vacuna a los migrantes que no lo estén. Sin embargo, es previsible que la llegada al poder de Bolsonaro no mejore su situación, ya precaria.

De hecho, el presidente electo anunció y cumplió el abandono de Brasil del Pacto Mundial para la Migración de las Naciones Unidas.