domingo, marzo 8, 2026

El Secuestro en Honduras: Una Amenaza en Medio del Estado de Excepción.

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Desde finales de 2022, Honduras ha implementado un estado de excepción con la esperanza de reducir la actividad criminal y restablecer la seguridad en el país. Sin embargo, a pesar de estas medidas, los grupos criminales continúan operando con relativa impunidad, especialmente en los departamentos de Cortés y Francisco Morazán. La analista en seguridad, Mirna Flores, destaca la preocupante evolución de las modalidades de secuestro, que ahora no solo buscan generar ingresos, sino también consolidar el control territorial de las maras y pandillas.

La Evolución del Delito

Según Mirna Flores, los secuestros en Honduras han evolucionado significativamente. Originalmente una actividad destinada a obtener ganancias económicas, el secuestro se ha convertido en una herramienta estratégica para mantener el control territorial. A pesar del estado de excepción, los grupos criminales siguen dominando áreas clave en las principales ciudades del país. Flores señala que «nada ha cambiado» y que los criminales continúan ejerciendo su control.

El estado de excepción, que comenzó el 6 de diciembre de 2022, se ha extendido varias veces, la última el 4 de julio de 2024, por un período adicional de 45 días. Sin embargo, la eficacia de esta medida sigue siendo cuestionada, ya que los secuestros y otras actividades criminales persisten.

Policías Implicados en Secuestros

Un hecho alarmante es la implicación de miembros de la policía en actividades de secuestro. Osmín Orellana Paz, Lester Nahún Uclés Andino, Dilmer Stiven Fúnez Espinoza, Andy José Pérez Zelaya y Enrry Michael Cárcamo Molina fueron detenidos por la Unidad Nacional Antisecuestros (UNAS) en abril de 2024. Según las investigaciones, estos agentes llamaban a las víctimas a puntos de encuentro, las subían a buses de la institución y luego exigían rescates a sus familiares. Las víctimas eran amenazadas con abuso sexual o con la presentación de falsas acusaciones de narcotráfico si no se realizaban los pagos exigidos, que oscilaban entre 100,000 y 300,000 lempiras.

Conclusión

La persistencia del secuestro en Honduras, a pesar de un estado de excepción prolongado, refleja la complejidad y la profundidad del problema de seguridad en el país. Las cifras crecientes de secuestros, la evolución de las tácticas criminales y la implicación de agentes de la ley en estos delitos subrayan la necesidad de una estrategia de seguridad más integral y efectiva. Las voces como la de Mirna Flores son cruciales para entender la verdadera dimensión del problema y buscar soluciones que no solo sean punitivas, sino que también aborden las raíces sociales y económicas de la criminalidad.

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