Un país de poco más de cuatro millones personas recordará el 11 de julio de 2018 como el día en que consiguieron pasar a su primer final de una Copa del Mundo. La Selección de Croacia consiguió la hazaña con un gran trabajo en equipo y con la inspiración que su capitán, Luka Modric, les transmitía.
El talentoso mediocampista del Real Madrid soltaba en llanto y era consolodo por el entrenador croata Zlatko Dalić. La emotiva imagen era la prueba de superación y de que los sueños se cumplen. Modric lo soñó desde pequeño ciuando era un refugiado más durante la Guerra de los Balcanes de 1991.
Los años posteriores, lo que quedó de la familia Modric vivió en Zadar (a 60 kilómetros de Obrovac) en un centro de refugiados conocido como el Hotel Kolovare.
Fue ahí cuando el director de Kolovare descubrió en el inquieto Luka a un posible futbolista, que comenzó a entrenarse en el Zadar. Cuando los bombardeos lo permitían, el pequeño Modric practicaba en aquel club.

Tras la guerra, Modric fichó por el Dinamo de Zagreb con apenas 16 años, lo que le catapultaría hacía el interés de los grandes de Europa. En 2008 se oficializó su reclutamiento en el Tottenham de la Premier League.






