Las dos naciones restablecerán sus conversaciones económicas. El país norteamericano ha acordado no imponer nuevos aranceles sobre productos del gigante asiático
El respiro permite una pausa en una guerra comercial que se ha extendido también al área tecnológica y que amenazaba con interrumpir las delicadas cadenas de suministro globales, había intensificado las tensiones -el G20 aludió a ellas en su comunicado final- y había creado un fuerte nerviosismo en los mercados mundiales.
“Estamos de nuevo en el buen camino”, ha declarado Trump tras una reunión que comenzó media hora después de lo previsto, a mediodía, y duró ochenta minutos, diez menos de lo anticipado. “Ha sido una muy, muy buena reunión, mejor de lo esperado”, ha puntualizado.
Como en su última reunión, en la cumbre del G20 en Buenos Aires en diciembre, los dos líderes dejaron fluir su buena relación personal. Como en aquel encuentro, acordaron que sus respectivos equipos se reunieran para tratar de solucionar sus diferencias comerciales. A diferencia de entonces, han optado por no fijarse un plazo determinado que les limite. Tampoco han anunciado una fecha para que sus delegaciones retomen las rondas de negociación.
Para relanzar esas conversaciones, Estados Unidos renuncia a gravar con nuevos aranceles 325.000 millones de dólares en importaciones de China, como había amenazado antes de la cumbre. Aunque no levantará los que ya ha impuesto sobre otros 200.000 millones de dólares. Tampoco lo hará China sobre los que, como represalia, plantó sobre 60.000 millones de dólares en productos estadounidenses.
“Vamos a desistir de nuevos aranceles y ellos van a comprar productos agrícolas”, ha declarado Trump en una rueda de prensa. El presidente estadounidense se mostró optimista sobre la posibilidad de un acuerdo que permita resolver la disputa en el futuro: “si logramos un pacto, será algo histórico”.






