Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESUna base republicana movilizada
En un mitin en Des Moines, Iowa, el pasado jueves, en un estadio de baloncesto repleto de seguidores, Trump criticó una vez más lo que llamó el «fraude» del impeachment.
El mandatario dijo que los procedimientos de destitución pasados —el de Andrew Johnson en 1863, el de Richard Nixon en 1973 (que no llegó a ser impeachment por la renuncia del mandatario) y el de Bill Clinton en 1999— se dieron en «períodos oscuros» en la historia de EE.UU., pero que su presidencia es «feliz».
Derechos de autor de la imagenREUTERSLa multitud que aplaudía parecía estar de acuerdo.
«Creo que será reelegido por lo que están haciendo los demócratas», dijo Tracy Root, de Des Moines, quien asistió al evento con su hijo, Tony. «Iniciaron el impeachment porque no pudieron vencerlo en las urnas».
Sara Johnson, quien manejó cuatro horas desde Minnesota para asistir al acto, dijo que había seguido el juicio político minuto a minuto y que los esfuerzos demócratas para condenar al presidente eran «de chiste».
En todo caso, agregó, Trump está en una mejor situación porque los estadounidenses están viendo «cuán corrupto es el sistema».
La estrategia política de la Casa Blanca en este punto es clara: describir el juicio político como un ejemplo más del establishment de Washington que se la tiene jurada al presidente —y, por conexión, a quienes lo apoyan— desde el principio.
«No van por mí, van por ti», escribió Trump en un tuit en diciembre. «Yo solo estoy en medio».
Si el plan de campaña de Trump es reunir a sus bases para que lo apoyen en noviembre —»la campaña de bases más grande en la historia de EE.UU.», en palabras del jefe de la campaña de Trump, Brad Parscale—, la acusación de los demócratas en la Cámara de Representantes y la posterior exoneración del mandatario en el Senado puede ser música para los oídos republicanos.





