SCOTTSDALE, Ariz. —
El viernes por la noche, como casi cualquier otro fin de semana del mes pasado, los bares y discotecas del centro de Scottsdale estaban llenos.
Las pistas de baile, repletas. Las filas para ingresar se prolongaban por cuadras. Y casi nadie llevaba cubrebocas o guantes.
Cuando el gobernador Doug Ducey levantó la orden de quedarse en casa para Arizona, el 15 de mayo, dando luz verde para el reinicio de gran parte de la economía del estado, afirmó que los residentes tenían el derecho y la responsabilidad de evaluar los riesgos planteados por el nuevo coronavirus y actuar en consecuencia. “Lo que un arizoniano decide hacer, depende de él”, aseveró.
Ahora, a medida que los casos confirmados de COVID-19 se disparan y convierten a Arizona en un foco nacional de nuevas infecciones, queda claro que muchos residentes optaron por volver a la vida normal como si nada hubiera cambiado.
En ninguna parte eso es más evidente que en la próspera escena de bares y clubes nocturnos del estado.
“Cuando veo clubes nocturnos llenos, me siento profundamente preocupada”, remarcó la alcaldesa de Phoenix, Kate Gallego, quien es una de un número creciente de funcionarios locales en el estado que piden a Ducey que regule mejor la industria. “Envía el mensaje de que hemos superado esto, que lo hemos derrotado”.
Durante un tiempo, parecía que Arizona había hecho un buen trabajo en la contención del patógeno. Si bien un brote inicial en la Nación Navajo, en el extremo noreste de Arizona, había causado alarma, el estado en general informó una disminución general en los nuevos casos de coronavirus el mes pasado.
Arizona es uno de los 22 estados cuya cantidad de nuevos casos diarios se ha incrementado, un dato que según los expertos en salud podría ser resultado del levantamiento de las medidas de aislamiento en el hogar.





