POR JUAN JOSÉ MARTÍNEZ D’AUBUISSON
* Este artículo de una investigación de tres partes, “MS13 y Co.”, que examina cómo la MS13 evolucionó desde sus modestos comienzos hasta convertirse en una potencia empresarial con inversiones en numerosos negocios, tanto legales como ilegales, en todo el Triángulo Norte. Este capítulo analiza cómo la MS13 se ha apoderado de varios aspectos del sector del reciclaje de basuras en Honduras, y explora las conexiones entre la pandilla y los peldaños más altos de la política y el empresariado hondureños.
El plan de Porky
Cárcel de máxima seguridad El Pozo, Santa Bárbara – Julio de 2019
Porky ya ha mojado con su sudor la misma silla donde sudó su más acérrimo enemigo: Tacoma. El calor en la celda es abrumador, nos asfixia, pero Porky quiere seguir hablando. El tema es el giro de la MS13 de pandilla a algo más parecido a una mafia.
En primer lugar, me cuenta, decidió no extorsionar más a los pequeños negocios y residentes en los barrios donde la MS13 tenía control. Eso hizo que ganara más simpatía con los locales donde operaba y pudiera enfocarse aún más en otros negocios como el narcomenudeo y el narcotráfico internacional.
De hecho, la muestra de que la MS13 había entrado a las grandes ligas del crimen en Honduras llegó unos años antes, en 2015, cuando el gobierno implementó la primera, y única, gran ofensiva fiscal contra la mara. Se llamó Operación Avalancha. Se les incautó decenas de armas de grueso calibre y químicos. Según los fiscales del caso la MS13 manufacturaba ciertas drogas sintéticas para diferentes carteles colombianos y ligaron a Porky a un intermediario hondureño importante de nombre David Elías Campbell. Dentro de la MS13 se le conocía como “Viejo Cambel”.
Lo sorprendente en esta operación fue la cantidad y variedad de negocios vinculados o directamente administrados por la MS13. En los documentos de la Operación Avalancha, a los cuales tuvo acceso InSight Crime, se encuentran desde lavaderos y ventas de vehículos, bares, empresas de trasporte, taxis, laboratorios, hasta un hospital y una clínica. En total se les incautó 112 propiedades, y se les decomisó US$575.000 en efectivo y US$220.000 en cuentas bancarias. Podrá no parecer mucho si este texto se lee en Nueva York, pero en Honduras es una verdadera fortuna.
Porky no entra en detalles sobre los negocios en nuestra conversación en la cárcel en 2019, pero días después tuve la oportunidad de reunirme con el dueño de uno de los negocios supuestamente vinculado a la MS13, uno que no aparece en los documentos de la Operación Avalancha, uno de tantos negocios que aun están en las sombras. Esta persona lo administra, saca su ganancia y permite que por sus cuentas fluya el dinero de la MS13.
Si los pandilleros necesitan de sus servicios, los cuales por su seguridad no puedo revelar, él deberá prestarlos gratis. A cambio, la MS13 no le extorsiona ni permite que nadie más lo haga. Le inyectan cantidades importantes de dinero, eliminarán a su competencia si él así lo solicita y su negocio contará con la protección y cobertura de una de las mafias más poderosas de Honduras.
“Yo no soy marero, yo trabajo en la Mara Salvatrucha”, me dijo ese día, al final de nuestra plática.
Volviendo a la cárcel de El Pozo, le pregunto a Porky por la violencia. Tal como él me lo plantea, la MS13 se ha vuelto más una empresa que una pandilla. Él no tiene muchos escrúpulos al responderme que una estructura como la suya no pude enfocarse únicamente en hacer dinero. Hay que defender lo ganado, y eso se hace con tiros.
Pero de nuevo tuve que conseguir los detalles por otro lado. En octubre de 2021 hablé, en una cafetería de San Pedro Sula, con un hombre a quien llamaremos “Roto”, un hombre que fue pandillero y ahora es colaborador administrativo de la MS13. En sus años de matón raso, alrededor del año 2007, fue parte de uno de los grupos selectos organizado por Porky después del incendio en el penal. Se trataba de una especie de grupo élite de sicarios destinados a blancos especiales. El entrenamiento de Roto consistió en aprender a usar armas largas, granadas y explosivos. Pero también en afinar la barbarie. Roto es una parte viva de esa lógica de Porky de «defender lo ganado».
«Te ponen muñecos entre árboles, te ponen a disparar en medio de la maleza y te enseñan a usar cuchillo y machete» explicó. «Si capturan a uno de la contraria (Barrio 18) lo ponen a correr como venado para que lo cacen».
Me contó que cuando él estaba, tenían a un miembro del Barrio 18 para el entrenamiento.
«Cuando nosotros llegamos, nos dijeron: ‘Va a salir uno y ustedes como sea lo tienen que matar'» me explicó Roto. «Entonces ya venía mi primo y dijo: ‘Yo lo voy matar con machete’. Otro dijo que con pistola, y así fueron escogiendo eso. Y en eso, sale el 18 a toda carrera, llorando. El hombre brincaba aquí, brincaba allá… el Porky estaba en una hamaca, solo se reía cuando el chamaco gritaba».
De vuelta a El Pozo el calor se está volviendo difícil de llevar. Me seco la cara con mi camisa, trato de recomponerme y le pregunto: «Porky, ¿y no fue difícil convencer a los pandilleros, y a la pandilla misma, de quitar una práctica (la extorsión) que ha aportado la plata por tantos años?»
«No, Juan, no fue difícil», me contesta. «Tenés que entender que hay plata por todos lados, hay hasta más plata en otras cosas».
«¿En la droga?», pregunté.
«Jajajajaja. ¡N’ombre, Juan! No solo de droga vive el hombre», me responde.
De hecho, el plan era para largo: tanto Roto como los agentes de inteligencia a los que entrevisté y dos abogados vinculados a la MS13 afirman que la mara, bajo el mando de Porky, le apostó también a financiar las carreras de estudiantes de derecho y de reclutar a contadores y administradores para echar andar su gran cantidad de negocios.
En resumen, Porky vitaminó tanto los músculos como el cerebro.
El origen de la fuga de Porky
Cárcel de máxima seguridad El Pozo, Santa Bárbara – Octubre de 2019
La fuga de Porky de El Pozo en febrero de 2020 realmente comenzó el 6 de octubre de 2019 con la muerte de Nery López Sanabria en esa misma cárcel.
López fue capturado en junio de 2018 con su esposa como parte de una investigación sobre el cartel de los Valle Valle, una organización criminal acusada, tanto por el Ministerio Público hondureño como por el sistema judicial estadounidense, de traficar cocaína por Centroamérica hacia Estados Unidos.
En ese operativo, según el Ministerio Público, encontraron a bordo de los vehículos US$200.000, dos armas de fuego sin papeles, dos granadas fragmentarias de fabricación industrial, y lo que cambió la vida y desencadenó la serie de eventos que le llevó a la muerte a López: un paquete de libretas de apuntes.
El abogado de López, Carlos Chajtur, me contó después por videollamada que en Honduras López nunca estuvo acusado de narcotráfico sino de portación ilegal de arma de fuego y explosivos, falsa identidad y lavado de activos. Sin embargo, en una corte de Estados Unidos si se le requería por el delito de tráfico de cocaína, así que agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus iniciales en inglés) de Estados Unidos se reunieron con Chajtur y supuestamente le hicieron una propuesta interesante, que tenía que ver con no ser extraditado y otros beneficios a cambio de su cooperación.
Lo que querían, me dijo el abogado, eran las libretas que le decomisaron a López en junio del 2018. Allí estaba escrito el nombre de Juan Antonio «Tony» Hernández junto con sumas de dinero y detalles de operaciones de tráfico de cocaína. Según el Ministerio Público, se hablaba incluso de pagos a militares encargados de los radares que detectan los vuelos ilegales. Junto a otra columna de cifras había tres iniciales: JOH. Los hondureños entenderán, pero para los demás las iniciales significan Juan Orlando Hernández, el actual presidente de la república, quien termina su mandato a finales de enero, y el hermano de Tony.
Chajtur me dice que su defendido, ante el terror de ser extraditado, aceptó declarar contra los nombres que aparecían en esa libreta. López habló esto en privado con agentes de la DEA, no son cosas que se publiquen en Facebook, ni se cuenten en sobremesa. Sin embargo, la información se filtró y las autoridades hondureñas terminaron enterándose de lo que López habló con las autoridades estadounidenses. Entonces el reloj comenzó su cuenta regresiva hasta el día 6 de octubre.
Ese día, el director del centro penal El Pozo, Pedro Idelfonso Armas, junto con tres custodios, lo sacaron de su celda. López se encontraba de pie, sin esposas y vestido de blanco cuando un custodio de camisa marrón y con el rostro cubierto se dirigió hacia una puerta metálica color roja y la abrió con una llave.
A lo mejor López sabía lo que venía. Desde su captura en 2018 estuvo en el presidio Marco Aurelio Soto, en Támara, en las afueras de la capital, Tegucigalpa, donde recibió desde amenazas y golpizas, hasta intentos de envenenamiento. Según documentos en poder de Chajtur, el intento de envenenarle fue tan descarado que López llegó a sentir el sabor del veneno y por eso dejó de comer. Se libró de la muerte, pero no de las llagas estomacales que le hicieron sufrir por mucho tiempo.
Ese mismo mes lo trasladaron a El Pozo bajo la acusación de haber intentado fugarse. Ahí también guardaban prisión altos mandos de la MS13 y más de 300 pandilleros rasos. Chajtur hizo varias denuncias públicas en donde acusaba al gobierno de maltratar a su representado y donde decía que la vida de este estaba en peligro. Nada cambió su destino.
En los videos de seguridad del 6 de octubre se ve entrar a un hombre joven que porta una pistola. El hombre dispara en dirección a Nery en varias ocasiones. Nery cae al suelo. Detrás del hombre de la pistola entran cinco más con cuchillos largos y amenazan al director Pedro Armas y a los custodios que en ningún momento intervienen en defensa de López.
El hombre de la pistola se le acerca a Nery, que yace inmóvil boca abajo, y le descarga varios tiros en la cabeza. El suelo y la pared se van pintado de rojo oscuro. Un segundo hombre, con un cuchillo casi del tamaño de su antebrazo y pantalones cortos color celeste, se acerca al cuerpo de Nery y le da 14 puñaladas en la espalda y en las piernas.
Un tercer hombre de pelo corto se acerca con su cuchillo pero luego retrocede, el de los pantalones celestes le da al hombre de la pistola un nuevo cargador, uno largo, más largo que la pistola misma, y este casi lo deja caer al suelo. Logra adaptarlo a la pistola y entonces le da una cantidad de tiros difícil de determinar al cuerpo de Nery. Con cada tiro se termina de pintar de sangre el suelo y la pared. El hombre de pelo corto que duda ya no duda más, se acerca al cuerpo y le hunde en un costado cuatro veces su cuchillo. El de los pantalones celestes le da 3 puñaladas más a lo que queda de Nery, y se van todos por la misma puerta por la que entraron, cerrándola a sus espaldas.
El de la pistola se llama José Luis Orellana, conocido como “Ninguno”, el de los pantalones celestes se llama Víctor Pavón conocido como “Pelón” y el hombre de pelo corto que dudó se llama Ricardo Gutiérrez conocido como “Buerro”. Todos eran reclusos de ese penal y todos son miembros de la MS13. Todos ellos estaban bajo las órdenes de Porky.
La fuga de Porky
Cortes de justicia, El Progreso – Febrero de 2020
Después de la muerte de su cliente, el abogado Chajtur denunciaba a quien quisiera escuchar la complicidad del gobierno y del mismo presidente Juan Orlando en el crimen. Según Chajtur, fue el mismo presidente quien, confrontado con la posibilidad de que más información de su complicidad en el narcotráfico cayera en manos de los agentes de la DEA, había ordenado la muerte de López en la cárcel. El presidente Hernández ha negado reiteradamente cualquier participación en el narcotráfico o cualquier conocimiento sobre las actividades delictivas de su hermano.
Sin embargo, Chajtur me dijo que recibió muchas amenazas por teléfono y varios anónimos donde le decían que de seguir denunciado le matarían. No dejó de hacerlo y la muerte se le acercó. El 8 de diciembre del 2019, menos de dos meses después de la muerte de López, un poco antes de la seis de la tarde, varios tipos armados entraron a una cafetería en el barrio Betania de la ciudad de Copán y asesinaron al compañero de Buffet del abogado Chajtur, José Luis Pinto.
Pinto, además de ser parte de equipo que representaba a Nery López, era el abogado de varios miembros del cartel de los Valle Valle, el mismo grupo al cual pertenecía López, y de los padres de Nery.
El asesinato de Pinto fue solo el comienzo de una serie de eventos que pocos llamarían casualidad. La segunda semana de diciembre del 2019 fue asesinado el director de El Pozo, Pedro Ildefonso Armas, uno de los testigos presenciales del asesinato de López, mientras conducía en su pickup gris por la carretera Panamericana.
Poco después, el 13 de febrero del 2020, Porky salió de la cárcel de Támara rumbo a una audiencia en la ciudad de El Progreso, a unos 28 kilómetros de San Pedro Sula. A Porky lo llevaron en camioneta, no en helicóptero como solían moverlo. Lo llevaron casi sin guardias de seguridad y sin avisar de antemano a la policía militar, como dicta el protocolo cuando se mueve a un reo de esa relevancia. Una vez en los juzgados de la ciudad de Progreso, un escuadrón de su pandilla llegó por él. Se fugó como se fugaban los bandidos de antaño, disparando.
El video de seguridad muestra a dos grupos de hombres vestidos con uniforme de la policía militar entrando al lugar. El primer grupo llevaba a un hombre esposado. Era un falso detenido, y el segundo llevaba a un hombre vestido con una especie de túnica negra. Esa túnica es conocida en el argot de los juzgados como “chacal”, por su similitud con un célebre personaje del show noventero Sábado Gigante. El chacal lo usan para proteger la identidad de algún testigo o alguna víctima. En este caso sirvió para esconder armas y municiones.
Una vez dentro, los dos grupos de pandilleros desataron el previsible infierno. Tiros, amenazas, golpes. Uno de los pandilleros resultó muerto junto con cuatro agentes de gobierno. Una fuga casi limpia y definitivamente exitosa.
Así casi culminó la larga lista de casualidades que comenzó el día que capturaron al narcotraficante Nery López en aquella carretera en las afueras de San Pedro Sula. En ese lapso de tiempo, Ninguno, el mismo que tuvo el rol más activo en el asesinato de López, había sido trasladado a la prisión de Támara.
Ahí, en julio del 2020, en plena pandemia de COVID-19, con los penales cerrados a visitas, abogados, médicos y cualquier ser humano que no trabajara dentro, Ninguno repitió la hazaña. Asesinó con una pistola. Esta vez a uno de los enemigos históricos de la MS13: Ricky Alexander Zelaya Camacho, un alto líder del Barrio 18 conocido como “Boxer Huber”.
Otra vez fue un policía militar quien abrió una puerta. La abrió justo en el momento en que Boxer salió de su sector hacia la barbería del penal. O Ninguno tiene mucha suerte o él, o la MS13, entendió que una forma de cobrar los compromisos es con sangre.
Si la bestia mata para ti, deja que la Bestia mate para ella.





