28 de agosto de 2024 – El río Ulúa, en el sector de Arenales, Ramal del Tigre, ha sido el escenario de un inquietante descubrimiento: una camioneta roja, perforada por múltiples impactos de bala, flotando entre las aguas. Este vehículo, una Ford con placas HDA 1068, pertenecía a Mario Bernal Chávez, uno de los diez desaparecidos en junio pasado en el sector de Baracoa, Cortés, y cuya desaparición está ligada a una creciente “guerra de narcos” en Honduras.
El hallazgo fue confirmado por Gustavo Sánchez, titular de la Secretaría de Seguridad, quien utilizó su cuenta en la red social X para compartir la información: “La Policía de Honduras con la Unidad Nacional Antisecuestros (UNAS) de la DPI encontró sumergida en el río Ulúa, en el sector de Arenales, Ramal del Tigre, una camioneta Ford, color rojo, placa HDA 1068, propiedad de Mario Bernal Chávez, una de las personas desaparecidas en días anteriores”.
Las sombras del narcotráfico
La desaparición de Mario Bernal Chávez y otras nueve personas se remonta a finales de junio, cuando el grupo fue secuestrado en la zona de Baracoa. Los hombres, contratados como escoltas por José Octavio Sosa Méndez, un individuo con vínculos profundos en el narcotráfico, fueron sorprendidos por varios hombres armados y vestidos con ropa militar, quienes los llevaron con rumbo desconocido hacia las montañas colindantes con la barra de desembocadura del río Ulúa. Entre los desaparecidos se encontraba también Sosa Méndez, el supuesto capo, hermano de José Rafael Sosa Méndez, quien actualmente se encuentra en una prisión de máxima seguridad tras una extradición diferida.

Los misterios detrás del caso
De acuerdo con fuentes protegidas y las investigaciones de la Policía Nacional, la desaparición de Sosa Méndez y su equipo de seguridad ocurrió mientras planeaban la compra de una residencia en Baracoa. Este caso, sin embargo, no es un incidente aislado. Está vinculado a otro oscuro episodio: la desaparición de 13 personas en Crique Las Marías, en el municipio de Tela, Atlántida. Inicialmente, se especuló que la desaparición de este grupo de 13 hondureños fue orquestada por la misma estructura criminal a la que pertenecía Sosa Méndez. Sin embargo, el reciente hallazgo sugiere que podría tratarse de una retaliación que alcanzó al propio capo y a sus guardaespaldas.
José Octavio Sosa Méndez ha estado en el radar del Ministerio Público desde el 9 de agosto de 2019, fecha en que la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN) ejecutó la Operación Pegaso en los departamentos de Atlántida y Colón, una operación que apuntaba contra redes de tráfico de drogas hacia Europa.
Un rastro de desapariciones
La camioneta encontrada en el río Ulúa es una prueba más de la brutalidad y el misterio que rodea a este caso. Además de Mario Bernal Chávez, la lista de desaparecidos incluye a Santos Josué López Castillo, Milton Eduardo Romero Zelaya, Maycol Hambran James Ávila, Mario Samuel Duarte Paguada, Kerry Lorenzo Lacayo Laing, Mitchell Overath Bustillo Maybeth, y otros dos hombres cuya identidad permanece desconocida. Todos ellos, parte de un esquema que parece haber quedado atrapado en el cruce de cuentas de las facciones más peligrosas del narcotráfico hondureño.





