Washington, 20 de febrero de 2025 – A un mes de haber regresado a la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha marcado un ritmo de gobierno inédito, consolidando su poder con decisiones ejecutivas que redefinen el panorama político y económico del país.
Desde su regreso, Trump ha firmado 68 órdenes ejecutivas, una cifra sin precedentes en las últimas cuatro décadas, con las que ha reforzado el control del Ejecutivo sobre la administración federal. Apoyado por magnates tecnológicos como Elon Musk y un Congreso dominado por republicanos afines a su visión, ha impulsado una agenda marcada por el nacionalismo económico y una diplomacia transaccional.
Transformación interna: nuevas políticas y medidas controvertidas
Uno de los puntos más polémicos de su administración ha sido su intento de revocar el derecho constitucional a la ciudadanía por nacimiento para los hijos de inmigrantes indocumentados. Además, ha impuesto una política de congelación del gasto federal y ha clausurado varias agencias gubernamentales, alineado con su discurso de eficiencia gubernamental.
En esta misma línea, con Musk al frente del recientemente creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), la Casa Blanca ha reducido significativamente los fondos de organismos clave como la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB), cuya función es regular prácticas financieras y proteger a los ciudadanos de abusos económicos.
Trump también ha eliminado programas federales destinados a promover la diversidad, equidad e inclusión y ha lanzado una ofensiva contra la comunidad trans, prohibiendo que mujeres trans compitan en deportes femeninos. Estas medidas han generado una ola de críticas y protestas, pero también han fortalecido su base de seguidores.
Política exterior: realineaciones y controversias
Fiel a su estrategia de negociación basada en la fuerza, Trump ha replanteado la relación de EE.UU. con sus aliados históricos y ha estrechado lazos con Rusia. En el conflicto de Ucrania, ha abandonado el respaldo incondicional que Washington brindó al país europeo durante los últimos tres años y ha optado por negociaciones directas con Moscú, debilitando el frente común entre EE.UU. y la Unión Europea.
En Oriente Medio, su propuesta para la Franja de Gaza ha generado un fuerte rechazo internacional. Trump ha sugerido que EE.UU. tome el control del enclave para transformarlo en un centro de desarrollo inmobiliario denominado la «Riviera de Oriente Medio», excluyendo el derecho de retorno de los palestinos desplazados. La iniciativa ha sido condenada por países clave de la región, como Egipto, Jordania y Arabia Saudí.
Un mandato sin titubeos
A diferencia de su primer gobierno, donde encontró resistencia incluso dentro de su partido, Trump ahora cuenta con un Partido Republicano completamente alineado con su liderazgo. La amenaza de perder el escaño en las primarias frente a un candidato respaldado por el presidente ha disuadido cualquier intento de oposición interna.
Con esta estructura de poder, Trump ha demostrado que su estrategia de gobierno no solo se basa en la rapidez, sino también en la imposición de su voluntad, tanto en el ámbito doméstico como internacional. A un mes de su segundo mandato, su visión de «EE.UU. primero» se ha convertido en una realidad contundente y sin concesiones.





