La defensa ha presentado un nuevo recurso, ante la corte suprema, para anular la orden de prisión, argumentando que el tribunal de segunda instancia que lo condenó no había deliberado sobre ciertas objeciones presentadas a su fallo.
El exmandatario de izquierda (2003-2010), favorito en los sondeos para las elecciones de octubre, se encuentra allí desde que el jueves Moro pidiera su encarcelamiento y le diera plazo hasta las 17:00 horas del viernes para presentarse «voluntariamente» en Curitiba, a 400 kilómetros de distancia, donde le espera una celda de 15 m2.
«Lula es un símbolo muy importante de la izquierda. Yo estoy totalmente en contra de esa visión del mundo», dijo a su vez Igor Merchert, un empresario autónomo de 27 años en la capital del estado de Paraná. Pero frente a la sede sindical de Sao Bernardo, la determinación dominaba. «Me quedaré aquí. No tengo miedo. Mi miedo es que Brasil vuelva para atrás con Lula preso. Yo no era nada y gracias a Lula monté una pequeña empresa. Se lo debo», dijo Sergio de Paula, que tiene un negocio de transportes.
«Estamos aquí para resistir hasta el fin. Lula no será encarcelado y volverá a ser presidente para ayudar al pueblo», afirmó Renata Swiecik, una cajera desempleada de 31 años y madre de cuatro hijos. Lula, que presidió Brasil entre 2003 y 2010, fue condenado a doce años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero, como propietario de un apartamento ofrecido por una constructora para obtener contratos en Petrobras.






