German Edgardo Leitzelar Hernández
En tiempos de intolerancia y censura enfrentar el poder se vuelve riesgoso. En vez de debatir, se insulta. En lugar de argumentar, se ataca. Cualquier personaje con acceso a un micrófono o red social se siente autorizado para difamar a quien piensa distinto. En Honduras tener opinión se ha vuelto un crimen.
Estamos llenos de “profesionales del escándalo”, entre más atacan, más visibilidad ganan. No defienden ideas, sino intereses e imposiciones en las que solo ellos tienen la razón. Un ejemplo claro ocurrió con nuestra compañera, la ingeniera Carolina Alduvín, quien fue señalada de ignorante solo por tener opinión, y aunque pudo hacerse más, el presentador del programa en su momento sugirió que una disculpa era apropiada, a lo que simplemente se limitó a decir que lo pensaría. No se busca la verdad, se intenta imponer el silencio a quien se atreve a expresarse.
También se viralizaron ataques de nuestra presidente contra un sacerdote, por haber cuestionado el uso de un documento al que nos referimos la semana previa, como material escolar, cuando lo único que este padre hizo, fue defender el pensamiento crítico e integrarlo al elemento que cuando ante el pueblo hondureño, que es profundamente creyente se pronunció la frase «no le tengo miedo ni a Dios” y con el propósito de ayudar al país. Juzgue usted quien ayuda más.
Igual que con el primer ejemplo, lejos de dar disculpas, se buscan escudos, excusas, ataques y acusaciones, diciendo que el sacerdote divide a la población. La respuesta del sacerdote: “Enfrentar al poder no es fácil, pero tiemblan cuando se les habla. Y si todos habláramos, temblarían más”, creo que todos deberíamos profundizar en esas palabras. Es real que el poder teme a las voces que no puede controlar, por eso lanzan campañas de odio, critican la crítica e imponen colectivos para asustarnos, quizá no son tan peligrosos como nos han hecho creer, pero esa creencia nos controla. Pero no debemos vivir bajo amenazas. Hoy como nunca, necesitamos vacunarnos contra esa rabia, sin miedo y con firmeza. El pensamiento libre y la dignidad no son delitos y son la única ruta hacia una sociedad mejor.
Todo se conecta porque, Honduras exige elecciones limpias y transparentes, el pueblo hondureño demostró madurez al entender que no basta cambiar de gobierno si se mantienen las viejas prácticas de manipulación. El rechazo al actual régimen no se limita a su ineficiencia, sino a su forma cínica de imponer decisiones disfrazadas de legalidad, excluyendo a quienes representan una opción distinta al poder, al final por una u otra razón el rechazo es el común denominador, los que no maduran son los políticos.
También, al publicar el cronograma electoral oficializaron una nueva exclusión y condiciones profundamente desiguales a los partidos que no participan del juego de las primarias. Pero el trio de siempre, conoció el calendario desde el 8 de septiembre de 2024, tuvieron dos meses para presentar candidaturas, y a los que podrían representar una diferencia les otorgan apenas nueve días para lo mismo sin siquiera haber anunciado las elecciones. ¿Es eso democracia y equidad?
Por legalidad se diría que es como inscribirse a un concurso que todavía no es oficial, pero contra esa lógica, de último minuto, se rompen garantías y trato equitativo, excluyendo por omisión. Y los órganos que debería darle un correctivo a estos aspectos, pudiendo enmendar esa injusticia, guardarán silencio, o quizás las retorcidas mentes que están detrás del cada vez más evidente boicot, quieren eso, recursos, acciones y así descarrilar el proceso.
Cada nuevo abuso, silencio y símiles, debilitan más la fe ciudadana y condena la democracia a morir. Hoy se excluye a unos, mañana se nos excluirá a todos. Honduras no puede seguir simulando democracia. El momento exige firmeza y sensatez para restablecer el equilibrio. Si no se corrige el rumbo, estas elecciones serán una farsa más. Y Honduras ya no está para farsas.
SI NO SE CAMBIA EL GUION, EL PUEBLO DEBE CAMBIAR LA OBRA.
Abogado laboralista independiente
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