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No gritar a los niños, algunas razones que te animarán a dejar de hacerlo

Aquí  dejamos algunas frases sobre gritar a los hijos , aunque seguro que las has escuchado alguna vez:

El grito es una reacción natural ante una amenaza y también es algo fuerte y aterrador. Gritar es una muestra tan visceral por parte de los progenitores que capta la atención de los hijos en un instante. Pero no gritar a los niños demuestra que tenemos otros recursos para gestionar la situación.

Puede ser bueno y malo, pero siempre es un hecho notable, ya que los niños reaccionan fuertemente a la emociones de los padres. Ante el chillido se consigue su total atención, por este motivo no es de extrañar que los padres acabemos gritando. Incluso que exista una cierta aceptación social al hecho de elevar el tono de voz.

No gritar a los niños, algunas razones que te animarán a dejar de hacerlo

El Dr. Kyle Pruett, prestigioso psiquiatra infantil de la Universidad de Yale y autor de Partnership Parenting, asegura que no gritar a los niños es posible. Para él, los padres que no chillan son de verdad y no de ficción. “Los argumentos favorables al chillido son excusas para explicar un comportamiento que vamos a tener de todos modos”, considera Pruett.

1. No les afecta como a los adultos

Sepamos que no gritar a los hijos es algo positivo. Teniendo en cuenta que su cerebro se seguirá construyendo y desarrollando hasta los veinte años; para Pruettcualquier momento es bueno para cambiar la actitud de los gritos.

2. Sin gritos no entienden que estamos enfadados

“Los niños son realmente excelentes lectores de nuestras emociones”, dice Pruett. Pueden percibir si estamos alegres o enfadados a través de nuestro lenguaje corporal. Por eso no gritar a los niños es una opción posible.

Para Kyle Pruett, esta capacidad lectora de los niños es un instinto muy interesante: ” es una de las cosas que los mantiene vivos”. En realidad, no necesitan ninguna señal auditiva para comprender que estás a punto de perder la cabeza. Ellos lo perciben y lo entienden.

3. Es un mal impulso ante situaciones de peligro

No gritar a los niños cuando están ante una situación peligrosa es algo realmente difícil para los padres. Y así debe ser. Precisamente en ese momento, el sistema nervioso autónomo está funcionando.

En algún momento de la evolución este sistema ayudó a los humanos a luchar contra los osos y otras situaciones complicadas. Por eso, cuando vemos a un niño ante un peligro inminente puede que no sea el momento de encontrar la calma de repente. “Probablemente sea una buena idea volverse un poco salvaje en esos instantes”, dice Pruett.

4. Los niños escuchan cuando los padres gritan

Hay una clara diferencia entre oír y escuchar. Cuando un padre grita a su hijo puede que este le oiga, pero es poco probable que le escuche. Es cierto que un niño puede dejar de hacer lo que está haciendo por miedo, pero en realidad no está asimilando ninguna información.

“No haces que tus hijos escuchen mejor, sino que ocurre exactamente lo contrario”, explica Pruett. Para algunos es bueno porque creen que les da a los padres un sentido de autoridad, pero el profesor cree que en realidad “les enseña a temer”.

El miedo erosiona la confianza, y con el tiempo la credibilidad. Los niños pueden desarrollar una tendencia a evitar las interacciones y así evitar los gritos. Para evitar esta huida y que escuchen a los padres no gritar a los niños es sin duda la mejor opción.

Aunque tu cuerpo te diga lo contrario, acercarte a tu hijo con toda la calma posible, establecer contacto visual y manifestar tu punto de vista ayudará a generar un aprendizaje constructivo.

no gritar a los niños

5. Así se endurecen para la vida

“No hay evidencia para apoyar esto en absoluto”, asegura Pruett. “Gritar es como azotar”, y al igual que los castigos físicos, no tienen el más mínimo efecto en la brújula moral de los niños.

Por el contrario, tener este tipo de actitudes con los hijos puede influir en que sean más agresivos con los demás. Ni se le brinda la opción de aprender otras herramientas para gestionar las situaciones de conflicto en su vida.

6. Es lo mismo para ambos padres

Gritar resulta ser una cuestión de género. No es que las madres no griten, es que los padres lo hacen con más fuerza: “de la misma manera que pueden lanzar una pelota más fuerte en la mayoría de los casos” dice Pruett.

Según el experto “debido a la testosterona, los padres necesitan trabajar en esto de manera más consciente que las madres”. Porque cuando un padre grita, todo su cuerpo está inundado de hormonas del estrés, una imagen aterradora para un niño. Además, matiza que “eso no les ayudará en su futura relación con un jefe”.

Hay que aprender a reconocer la ira para poder controlarla. Y saber que se puede educar a los hijos de otra forma. Porque a la larga, gritar a los niños puede dañar su autoestima en una etapa de la vida que es crucial, ya que están construyendo su personalidad.