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Razones por las que no deberías poner etiquetas a tus hijos e hijas.

Poner a nuestros hijos etiquetas es una mala costumbre. Ya sea positiva o negativa siempre va a marcar su personalidad de cara a los demás.

Poner a nuestros hijos etiquetas es una mala costumbre. Ya sea positiva o negativa siempre va a marcar su personalidad de cara a los demás. Por eso poner a nuestro hijo la etiqueta de “vago”, no le va a ayudar en su desarrollo personal y puede lesionar su autoestima.

Aunque los padres no lo hacemos de forma consciente, estas etiquetas les pueden perseguir toda la vida y tener consecuencias negativas para su futuro. Ponerle una etiqueta a un hijo o a una persona es muy fácil, pero quitársela puede suponer toda la vida.

Razones por las que no deberías llamar vago a tu hijo

Evitar las etiquetas

“Una etiqueta es un adjetivo dirigido directamente a la identidad de la persona, a su ser (normalmente suele ir precedido de “eres”, aunque no siempre). Solo que una etiqueta puede fundamentarse en el “ser”, en la dignidad y valor de la persona como tal, o en el “hacer”, en la conducta, de modo que si dejas de ejecutar esa conducta “ya no eres”, esa etiqueta ya no vale, tu identidad ha cambiado”, explica en este estudio Jonathan Secanella.

La clave es que cuando nosotros elogiamos a alguien decimos “eres”. Por ejemplo “eres muy responsable” o “eres inteligente”. Pero si la etiqueta es negativa como cuando les decimos “eres tímida” o “eres vago”, no vemos que tiene un problema puntual, sino que les marcamos un camino para su futuro.

La etiqueta de “vaga” o “vago”

Hay ciertas etiquetas que tienen mucho peso en la evolución personal de nuestros hijos. Por ejemplo, las etiquetas de maleducado, caprichoso, mimado, llorón, cobarde, malo, tonto o vago. Adjetivos negativos que pueden perseguirle de por vida. Muchas veces hemos escuchado expresiones en nuestro entorno como “Fulanito es un mimado” o “Menganita es una maleducada”.

Seguro que en algunas ocasiones puntuales nuestro hijo no ha hecho lo que nosotros deseamos. Por ejemplo, cuando les hemos dicho que recojan su habitación, se hagan la cama o recojan el lavaplatos y pasan los minutos y vemos que ni siquiera se ha levantado del sofá. Esa tendencia a no hacernos caso en el momento exacto en el que se lo decimos a los padres nos enfada y nos preocupa. Pero es normal que les cueste cuando son pequeños acatar órdenes inmediatas.

Etiquetas para toda la vida

Pero eso no significa que sean vagos durante todo el día. Solo indica que no aceptan y ejecutan nuestra orden en ese momento. Puede que otro día lo hagan a la primera y que hoy les esté costando más. Si le agobiamos llamándole “vaga o vago” cada vez que no hacen algo que les indicamos, le estaremos poniendo una etiqueta de por vida. Además, aborrecerán hacer esas tareas y no pondrán intención alguna en cumplirlas.

Nuestras palabras las están escuchando todos los miembros de la familia e incluso en ocasión sus amiguitos. ¿Por qué tiene que llevar a cuestas toda su vida la etiqueta de vago? ¿Qué significa ser vago? Según el DRAE ser vago significa holgazán, perezoso, poco trabajador, sin oficio o persona mal entretenida.

No tiene sentido que, porque un día no haya querido recoger su habitación, se quede con la etiqueta de vago para toda la vida. Una etiqueta que tiene una gran connotación negativa y que les puede perseguir en el colegio, el campamento o incluso en la universidad.

Las etiquetas que se ponen a un niño o un adolescente son complicadas de eliminar una vez que se adoptan en una familia o un colectivo. Por lo tanto es mejor evitar tantos las etiquetas positivas como negativas. Nuestros hijos están creciendo y madurando y unas cosas las harán bien y otras mal. Tienen que aprender a superar el fracaso por sí mismos y a crecer día a día como personas. Etiquetarles es una costumbre sin ningún beneficio para nuestros hijos por lo que tenemos que intentar eliminarlas de nuestro vocabulario.