Este martes, cuando Trump anuncie su campaña de reelección de cara a los comicios presidenciales del 2020, las cosas serán bastante diferentes.
En esta ocasión, Trump hará su anuncio en grande, ante miles de fervientes seguidores en un estadio de Florida, junto a su esposa, Melania, y el vicepresidente Mike Pence.
De hecho, entre la oposición –y buena parte del mundo– lo que existe ahora es un ambiente de preocupación y temor por las considerables probabilidades de que el polémico mandatario republicano pueda repetir la faena que lo llevó a la Casa Blanca en el 2016 y se quede otros cuatro años más en el poder, es decir, hasta el 2024.
En realidad, Trump está en campaña desde el mismo día que tomó las riendas de la Oficina Oval, en enero del 2017. A los pocos días de su posesión ya estaba constituido su comité de reelección, que desde entonces viene trabajando sin pausa y ya cuenta con cientos de millones de dólares recaudados en estos casi dos años y medio que van desde entonces.

El presidente estadounidense, Donald Trump (i.), presentará su campaña por la reelección el martes y posiblemente enfrente al exvicepresidente demócrata Joe Biden.
Fiel a su estilo, el presidente simplemente estaba esperando a que sus potenciales rivales en el partido demócrata anunciaran sus intenciones –y ya lo hicieron 23– para hacer lo propio, y de manera oficial, con toda la pompa que lo caracteriza.
Y, además, lo hace en un momento critico: justo una semana antes de que la oposición realice su primer debate televisado entre los aspirantes a la nominación, y cuando los estadounidenses verán por primera vez en un mismo –y largo– podio a los candidatos que buscan destronarlo.
Steel está convencido de que en esta ocasión, lo que veremos será a un Trump “crecido” que volverá a insistir como nunca en su retórica de división y miedo.
Y con un añadido importante: que, a diferencia de la campaña anterior, en esta ocasión tiene casi todo a su favor. De entrada cuenta con el púlpito que le ofrece la Casa Blanca y le permite controlar la narrativa en los medios de comunicación y las redes sociales.
Cuenta además con un panorama que causaría envidia en cualquier aspirante a la reelección de cualquier país del mundo. Si bien los expertos coinciden en que el buen momento de la economía estadounidense comenzó mucho antes de que Trump llegara a la presidencia, el mandatario es hoy el dueño de unas generosas estadísticas que suelen ser casi decisivas en comicios presidenciales.
Números impresionantes
El país viene creciendo a más del 3 por ciento anual, y la tasa de desempleo, que es, por lo general, un indicador clave en la salud de la economía, está en el 3,6 por ciento, el más bajo en casi 50 años. Bajo Trump, además, se han creado casi 5 millones de nuevos empleos en solo dos años y medio.
Para ponerlo en contexto, Barack Obama, su antecesor, creó casi 9 millones en ocho años. De seguir a este ritmo, y si resulta reelecto, Trump podría batir el récord histórico de Clinton, que generó 18 millones de empleos durante su mandato. Y eso, en la mente de un potencial elector, pesa bastante.
Pero no es solo eso. A diferencia de la campaña del 2016, cuando Trump nunca recibió el visto bueno del establecimiento republicano –que hizo todo por derrotarlo–, ahora cuenta con el respaldo casi absoluto de un partido que terminó subyugado ante su poder y popularidad entre las bases de esta colectividad.

Trump es hoy el dueño de unas generosas estadísticas que suelen ser casi decisivas en comicios presidenciales.
Foto:
Jim Watson / AFP
De hecho, Trump probablemente será nominado sin oposición, pues no hay ningún candidato republicano que le haga sombra.
Y luego está el dinero. El presidente ya tiene unos 40 millones de dólares en efectivo para gastar en su campaña –más que cualquiera de sus rivales demócratas–, y el Comité Republicano, otros 400 millones listos para respaldarlo.
Sobre el papel, y con todos los vientos aparentemente soplando en su dirección, Trump luce en inmejorables condiciones para retener la presidencia. Pero, en el papel, a veces la tinta es muerta. Y en el caso del multimillonario, hay amplias evidencias de que no la tendrá tan fácil como se pinta.
No obstante todas sus ventajas, una mayoría de los estadounidenses siguen dando claros signos de que no comulgan con el republicano. De hecho, es el único mandatario de la historia reciente que nunca ha alcanzado el 50 por ciento de aprobación en las encuestas a nivel nacional, y su promedio se ubica en un mediocre 40 por ciento en estos dos años de mandato.
Y nadie olvida que aunque ganó las elecciones al obtener más votos al colegio electoral, perdió el voto popular por más de 3 millones de sufragios y llegó a la presidencia con solo el 47 por ciento de los votos depositados en las urnas.
Donald Trump ha transformado el fundamento mismo de la presidencia de EE. UU., y será necesario alguien de formidable carácter para restaurar la institución.





