La crisis del Congreso Nacional llegó a su fin ayer con la renuncia del diputado Jorge Cálix a continuar como uno de los presidentes dejando al frente de este poder del Estado a su colega, Luis Redondo, con quien mantuvo una agresiva disputa desde el 21 de enero pasado por el control del Legislativo.
Sin estar presente en la firma del acuerdo, Redondo, quien pertenece al Partido Salvador de Honduras (PSH), ha resultado como el principal beneficiaro al poder seguir legislando en paz con la directiva inicial intacta y ni siquiera tener que someterse a una nueva elección en la Cámara Legislativa, como recomiendan algunos expertos en derecho constitucional.

Si lo quisiera, Redondo puede ahora someterse nuevamente a votación, ya que con el regreso de los diputados disidentes, más diez del PSH, siete liberales, uno nacionalista y otro de la Democracia Cristiana (DC) suman 69 votos. Con este respaldo implícito, los 44 nacionalistas y 15 liberales ya no pueden maniobrar para obligar a una nueva elección, como lo piden, y menos controlar el Congreso. Al mismo tiempo, sus directivos anunciaron que se integran a sus labores habituales a partir de este día.





