14 noviembre 2024 – 4:00 AM
Washington (EFE). La reciente nominación del senador Marco Rubio como secretario de Estado de los Estados Unidos, anunciada por el presidente electo Donald Trump, ha generado reacciones de cautela y escepticismo en varios países de Latinoamérica, especialmente entre aquellos con gobiernos de izquierda. Rubio, conocido por su postura crítica hacia los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, podría intensificar la presión diplomática en la región.
El presidente electo Trump presentó a Rubio como un «defensor firme de la nación» y un «aliado comprometido de nuestros socios», elogiando su postura contra lo que considera regímenes opresivos. Trump destacó su compromiso con «la libertad» y «los valores democráticos», estableciendo altas expectativas sobre su gestión en temas latinoamericanos.
Cuba, enfrentando una crisis económica profunda, observa el nombramiento con desconfianza. La isla, que soportó fuertes sanciones durante el primer mandato de Trump y fue incluida en la lista de patrocinadores del terrorismo, aún no ha emitido una declaración oficial sobre el retorno del republicano al poder. Rubio ha sido un fuerte crítico de la política de acercamiento que existió en la época de Barack Obama y exige reformas en derechos humanos, liberación de presos políticos y una transición democrática en Cuba, mientras que el gobierno cubano demanda respeto a su soberanía.
Otro país que sigue de cerca esta nominación es Nicaragua. Rubio ha calificado al presidente Daniel Ortega de dictador y ha criticado las prácticas del mandatario nicaragüense, acusándolo de fraude electoral, violaciones a los derechos humanos y represión de la oposición. Figuras de la oposición nicaragüense, como Arturo McFields y Jaime Arellano, consideran que la elección de Rubio como secretario de Estado puede fortalecer la causa de los derechos humanos en su país, aunque algunos analistas, como Javier Meléndez, opinan que un enfoque tan duro podría ser contraproducente.
La postura de Rubio hacia la situación democrática en Latinoamérica también preocupa a figuras de la región como el presidente colombiano Gustavo Petro, quien, años antes de asumir la presidencia, había manifestado su rechazo a la política exterior de Rubio, tildándola de «violenta». Rubio, a su vez, ha sido muy crítico de Petro, al que ha apodado «Gustavo ‘Chávez’ Petro», sugiriendo que su gobierno simpatiza con regímenes autoritarios y ha respaldado a Hamás en su postura propalestina, algo que ha generado tensión entre los gobiernos de ambos países.
En Brasil, la elección de Rubio podría significar un cambio en la relación bilateral entre los gobiernos de Trump y Lula da Silva, a quien Rubio podría percibir como una figura antagónica por su alineación con líderes de izquierda en la región. Guilherme Casarões, experto en política internacional, advirtió que la visión de Rubio sobre Latinoamérica podría dificultar la diplomacia con Brasil, considerando al país como un actor desafiante en la región.
Por otro lado, hay gobiernos que ven con buenos ojos la designación de Rubio. El nuevo gobierno de Argentina, liderado por Javier Milei, considera que la nominación de Rubio podría fortalecer la relación con Estados Unidos y facilitar la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, una cuestión central para el presidente argentino. En su reciente visita a Argentina, Rubio mostró simpatía por Milei, calificándolo de «aliado que debe ser apoyado».
Asimismo, el gobierno uruguayo, a través del vicecanciller Nicolás Albertoni, ha expresado su agrado ante la elección de Rubio, valorando su reconocimiento a Uruguay como un país que comparte valores con Estados Unidos. En Panamá, el ministro de Relaciones Exteriores, Javier Martínez-Acha, felicitó a Rubio y expresó su esperanza de fortalecer los vínculos diplomáticos entre ambos países.
Finalmente, en Puerto Rico, la gobernadora electa, Jenniffer González, aplaudió la nominación de Rubio, describiéndolo como un amigo cercano y defensor de los intereses de la isla en el Congreso. La dirigente se mostró optimista de que, bajo la dirección de Rubio, Estados Unidos mantendrá una postura firme contra los gobiernos que considera dictatoriales en la región.
La llegada de Marco Rubio al cargo de secretario de Estado podría marcar un cambio significativo en la política exterior estadounidense hacia Latinoamérica, generando un ambiente de expectativa y tensión en varios países del continente.





