Midence Oquelí Martínez Turcios, exdiputado del Partido Liberal y exmilitar de alto rango, está ahora en el ojo del huracán tras ser acusado de dejar seis muertos en el marco de sus actividades con el narcotráfico.

Según el testimonio de El Cachiro, su entrenamiento como capitán de las Fuerzas Armadas fue clave para convertirlo en un operador letal, capaz de ejecutar planes fríos y calculados.

No actuó solo. Su red incluía a sus hermanos Sergio, Obando, Adonay y Javier Martínez, quienes habrían colaborado estrechamente en estos crímenes. Las víctimas, cada una con una historia brutal, trazan un patrón de sangre y terror.

Jorge Aníbal Echeverría, alias «El Coque»

Entre los seis muertos destaca El Coque, uno de los nombres más poderosos del hampa en Colón, quien fue una de las víctimas más notorias.

A pesar de sobrevivir a dos intentos de asesinato: uno en San Pedro Sula y otro en Costa Rica, su suerte cambió tras ser deportado y encarcelado en Honduras. Tres días después, mientras estaba tras las rejas, fue ejecutado.

Jorge Aníbal Echeverría, alias «Coque».

Las tensiones entre la familia Rivera Maradiaga y El Coque surgieron de disputas personales y políticas que escalaron rápidamente en violencia. Según El Cachiro, Midence Oquelí estuvo implicado directamente en el fatídico desenlace.

Juan Ramón Salgado le falló a Midence

La muerte de Juan Ramón Salgado, exdiputado del Partido Liberal, expone la implacable naturaleza de Martínez Turcios.

A Salgado lo ejecutaron a balazos en la casa de un familiar en San Pedro Sula después de no haber propuesto a Midence como ministro de Seguridad.

Para El Cachiro, su asesinato fue una clara advertencia: nadie quedaba impune tras defraudarlo.

Nahúm Palacios, periodista en la mira

El periodista Nahúm Palacios se convirtió en otra víctima del violento legado de Midence.

En 2010, a Palacios lo emboscaron en Tocoa, Colón, donde su vehículo recibió más de 40 impactos de bala.

Su cuerpo, con más de 30 heridas, fue encontrado junto a sus dos compañeros heridos. El ataque, brutal y despiadado, reflejó el nivel de poder que Midence y su red ejercían en la región.

Asesinatos dentro del círculo criminal

Otros nombres como Salvador Regalado, alias Mantequilla, y Alex, un sicario, completan la lista de muertes atribuidas a Midence Oquelí.

Regalado, un guardaespaldas que ejecutó un asesinato por orden de su jefe, fue llevado a una discoteca y ejecutado, supuestamente con la participación directa de Martínez Turcios.

En el caso de Alex, otro sicario, El Cachiro relató detalles macabros: fue torturado con una soga al cuello y pinchazos en los dedos antes de ser ejecutado y arrojado a un río. Todo por matar a un primo, Carlos Maradiaga.

El sicario de Coque Ramos, conocido como “Mantequilla”, enfrentó un alto precio por haber asesinado al hermano de Devis Leonel. Fue implacablemente buscado hasta que finalmente pagó por la muerte de Isidro Rivera.

Un legado de terror y muerte

El testimonio de El Cachiro no dejó espacio a la imaginación. Detalló con crudeza cómo Midence Oquelí Martínez Turcios operó en el narcotráfico, dejó seis muertos usando la violencia como su herramienta principal.

Su habilidad con las armas, adquirida durante su tiempo en las Fuerzas Armadas, lo convirtió en un hombre temido y despiadado.

Las seis muertes que se le atribuyen son apenas un reflejo de la brutalidad que marcó su paso por el mundo del crimen.

Para las familias de las víctimas, los relatos de El Cachiro son un recordatorio doloroso de un legado de sangre que aún busca justicia.

El nombre de Midence Oquelí Martínez Turcios quedará grabado en la memoria colectiva como el de un hombre que encarnó la violencia más cruda del narcotráfico.

Mientras los testimonios siguen saliendo a la luz, el peso de esos seis muertos lo persigue, exponiéndolo como un símbolo de la impunidad que el crimen organizado sembró en Honduras.