Por: Arístides Mejía Carranza
La lucha por el poder comenzó el primero de enero con una primera jugada de naipe y no de ajedrez. La idea central de Libre es mantenerse en el Poder a cualquier precio.
Nosotros estábamos reunidos ese día lejos de Tegucigalpa y ya esperábamos que en el discurso de la presidente algo se anunciara.
Yo sabía que iban a pedir la retirada de la Base Militar de Soto Cano en Palmerola en cualquier momento, los americanos también se lo esperaban.
Cuando fui ministro de Defensa (de enero 2006 a enero 2009) del gobierno liberal del presidente Manuel Zelaya, desde su inesperado giro a la ideología de izquierda me ordenó que propusiera una base alternativa en la Mosquitia a Donald Rumsfeld, secretario de la Defensa, durante mi visita al Pentágono.
Los americanos no entendían cuál era la utilidad de reemplazar un lugar por otro y a poco más de un año para terminar su período, el presidente me pidió que les comunicara que debían de salirse de Palmerola.
Yo desaconsejé esa decisión y manifesté mi oposición. Por respeto y lealtad a la figura presidencial presenté mi renuncia al cargo en una carta que conservo, pero el presidente no la aceptó y la decisión nunca se materializó.
Al hablar con los americanos sobre el tema, me explicaron que no basta que Honduras denuncie el tratado de 1954 que ampara legalmente la existencia de la base militar, sino que deben realizarse estudios para el desmantelamiento de las instalaciones, los gigantescos depósitos de combustible y los polvorines. Además debe presupuestarse un año antes el costo del repliegue que asciende a millones de dólares.
Ante esa imposibilidad, el presidente dio instrucciones al jefe de Estado Mayor Conjunto de las FF.AA. de construir en 60 días un aeropuerto civil en el mismo lugar de la base hondureña adyacente a la americana, pero el proyecto nunca vio la luz.
Ahora el gobierno pretende presentar la decisión como un argumento en defensa de los migrantes hondureños que podrían ser deportados por la próxima administración, para según ellos poner de rodillas a Trump y a Rubio.
La amenaza a los americanos estaría enmarcada en la defensa de la soberanía y en nombre del patriotismo.
Si esto corresponde a una estrategia para crear confrontación interna y externa, exaltar el nacionalismo y conseguir una causa política o crear desorden para aplicar medidas autoritarias declarando apátridas o traidores a quienes se oponen, es una estrategia de la derrota.
La población hondureña no alberga sentimientos anti-americanos, la mayoría son admiradores de los Estados Unidos y quieren copiar el “american way of life” y no el que proponen los socialistas.
En Honduras una buena parte de la población quiere más bien emigrar para y todo deterioro de la relación con el poderoso país se ve como una amenaza a ese propósito, a la estabilidad de quienes envían remesas, al comercio y a la inversión.
En otras palabras, todo el mundo comprende que estos funcionarios de un país tan débil no van a torcer el brazo a los americanos y menos a Trump, por lo cual la declaración resulta absurda y hasta ridícula y por el contrario lo que sí podemos recibir son sanciones que empeorarán la situación ya desesperada de las mayorías empobrecidas.
Ni siquiera México, con la mayor economía de AL, país nacionalista, con una presidente igualmente de izquierda se ha atrevido a desafiar a Trump, porque de los EE.UU. dependen tanto sus ingresos como primer exportador del mundo y las remesas.
Esto lo digo para el caso de que formara parte de una estrategia, pero varias voces se han alzado señalando que el verdadero motivo es clausurar el centro de operaciones contra el narcotráfico más importante del área en correspondencia con la denuncia del Tratado de Extradición.
En esos términos se ha pronunciado el líder del Partido Liberal, Jorge Cálix.





