En los primeros 140 días de 2025, Honduras ha registrado 91 asesinatos de mujeres, lo que equivale a una muerte violenta cada 36 horas, según datos del Sistema Estadístico Policial en Línea (Sepol) de la Secretaría de Seguridad. Esta alarmante cifra refleja una crisis persistente de violencia de género en el país.
Escalada de violencia en mayo
Aunque en abril se observó una reducción a 13 casos, mayo ha mostrado un repunte preocupante con 20 mujeres asesinadas en los primeros 20 días, es decir, una cada 24 horas. Este aumento sugiere que mayo podría cerrar como el mes más violento para las mujeres en lo que va del año.
Zonas más afectadas
La violencia contra las mujeres se concentra en los departamentos más grandes del país:
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Olancho: 15 crímenes (16% del total)
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Francisco Morazán: 14 casos (15%)
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Cortés: 11 asesinatos (12%)
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Yoro: 8 muertes (8%)
Estas cifras indican que la violencia de género no es un fenómeno aislado, sino que afecta a diversas regiones del país.
Impunidad y falta de recursos
Organizaciones feministas y defensores de derechos humanos denuncian que la mayoría de estos crímenes quedan en la impunidad. Nelson Castañeda, director de seguridad de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), lamentó que los altos índices de feminicidios se sumen a una impunidad que ronda el 90% de los casos. Criticó la falta de recursos humanos en el Ministerio Público y cuestionó la eficacia de las investigaciones dentro de la Policía Nacional.
Casos recientes
Entre las víctimas más recientes se encuentran Arabella Nájera, conductora de taxi VIP, quien fue atacada a balazos en el sector Dos Caminos de Villanueva, Cortés, y Nuvia López Montoya, encontrada sin vida dentro de su vivienda. Estos casos reflejan la brutalidad y la frecuencia con la que ocurren estos crímenes.
Llamado a la acción
La situación en Honduras requiere una respuesta urgente y coordinada por parte del Estado, las instituciones de justicia y la sociedad civil. Es imperativo fortalecer las políticas de prevención, protección y sanción de la violencia de género, así como garantizar recursos adecuados para las investigaciones y el apoyo a las víctimas.
La persistencia de esta violencia no solo representa una crisis de seguridad, sino también una grave violación de los derechos humanos de las mujeres hondureñas.





