sábado, marzo 7, 2026

Divididos en política, unidos en miseria

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Por: Héctor A. Martínez*

Ignoro quién fue el idiota que trasladó la frase “Divide y vencerás”, del campo de batalla a la política. Porque está claro que en una guerra o en una campaña colonizadora de pretensiones imperialistas, tal perversión rinde frutos insospechados; sino que lo digan los conquistadores españoles en América que pusieron a pelear a los indios entre sí, y los incautos, creyendo que los bárbaros venían con la misión de hacerlos amos y señores, terminaron siendo esclavos de estos. Es lo mismo que hace Putin con los prorrusos del este de Ucrania.

Hoy día, no son españoles los que siembran la discordia en nuestro país, sino sus descendientes directos metidos al juego del autoritarismo. Pero los réditos son los mismos. Esta artimaña cizañera que ha sido elevada a la categoría de maniobra “estratégica”, no ha traído más que desgracias a la sociedad; es decir, los hondureños estamos más divididos que nunca, pues hemos perdido la confianza en las instituciones viendo cómo estas son puestas al servicio del poder en lugar de ser instrumentos de inclusión social, de imparcialidad justiciera y de efectividad institucional.

El fin de la división es fomentar el odio hacia grupos elitistas tradicionales señalándolos como los culpables del atraso y la pobreza, para luego crear un consenso generalizado de la existencia de “nosotros los buenos” y “ellos, los perversos”. La meta no ha sido difícil alcanzarla dada la pésima formación educativa del hondureño promedio que todavía cree en espantajos y que se traga cada cosa que le cuentan en TikTok y “X”, las que considera sus únicas fuentes de información fidedigna. Mientras el pueblo se embrutece en las redes sociales, se va consolidando una estructura burocrática de obediencia partidaria que no conoce otro programa, plan o proyecto que no sea el concebido para controlar las instituciones claves del sistema. Incluso, el discurso es un formato estándar que refleja la fidelidad de los objetivos estratégicos.

Nuestros “líderes” políticos cometen un gravísimo error histórico al etiquetar a los ciudadanos en “amigos” y “enemigos”. Han perdido el norte por completo porque ninguna sociedad puede sobrevivir sin un mínimo de consenso. Cuando los sociólogos funcionalistas hablan de “cohesión social”, no lo hacen con fines hegemónicos, sino para darle sostenibilidad permanente al sistema. La idea perversa de la división inducida hace precisamente lo contrario: desmantela los lazos de confianza nacional, creyendo sus perpetradores que, a partir de la desintegración, comenzará una nueva era de unidad y bienestar. Una visión muy marxistoide que ha sido reprobada en el siglo XX.

Ninguna nación puede apuntar hacia el desarrollo, la paz y la prosperidad bajo un estado de odio permanente, ni ninguna política pública surte el efecto deseado, porque la desarticulación social impide crear los nexos productivos, institucionales y culturales, elementos necesarios para fortalecer el Estado de derecho. No hay que ser muy inteligente para creer que la polarización creará conciencia social; al contrario: generará más desquites cuando venga un nuevo régimen a remediar las cosas.

En un mar de división social, nos vamos quedando rezagados con respecto al mundo, mientras una nueva élite, tal como en el pasado de los enclaves, apuesta a que sean los imperios de moda los que nos auspicien, al igual que sucede en Cuba y en Nicaragua.

Lamentablemente, lo único que nos mantiene unidos en este momento, es la miseria, la desesperanza y la dejadez crítica. Es todo lo que tenemos; no hay para más.

*Sociólogo

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