Un crimen que aún clama justicia
Los hechos de 1975 no fueron un episodio aislado. En un contexto de fuertes tensiones agrarias, donde los campesinos organizados demandaban tierras ociosas para cultivar y subsistir, el aparato represivo del Estado respondió con fuego y muerte. La masacre, según testimonios y registros históricos, fue precedida por amenazas del entonces mayor del Ejército hondureño, Enrique Chinchilla, que fueron subestimadas por las víctimas.
Aquella noche, algunos cuerpos fueron arrojados en un pozo malacate, en un intento de ocultar el crimen. Entre los asesinados estaban líderes campesinos como Bernardo Rivera y Roque Ramón Andrade, quienes trabajaban como asesores técnicos de las cooperativas agrícolas. También fallecieron los religiosos Iván Betancourt y Casimiro Cypher, quienes no estaban directamente involucrados en el conflicto, sino que se encontraban accidentalmente en la zona buscando reparar un vehículo.
«Fue una masacre cruel, sin compasión, un mensaje directo para quienes exigían justicia social», señaló monseñor Ruiz Mora durante su homilía, afirmando que el perdón nunca fue solicitado por quienes orquestaron la tragedia.
La Iglesia católica olanchana, encabezada por buena parte del clero y con la asistencia del obispo de Trujillo, Henry Ruiz Mora, varios religiosos de esa diócesis, rindieron como homenaje póstumo para 12 olanchanos y dos extranjeros que derramaron su sangre en aquel momento.

La reprensión de aquella semana de junio fue advertida por el mayor del Ejército hondureño Enrique Chinchilla, pero los campesinos dudaron que todo terminaría en un baño de sangre con la masacre ocurrida, donde muchos de los cuerpos fueron enterrados en un pozo malacate.
Hoy día el panorama no ha cambiado, el Estado sigue en deuda, sin tierras, sin producción, de no haber una política definida para el tema del campo, y quienes gozan de prebendas son los grandes productores que tienen condiciones crediticias favorables.
Al cumplirse cinco décadas la clase obrera sigue convencida que la lucha librada antes de la tragedia de Lepaguare y Los Horcones era legítima, hoy se plantean otros escenarios para que los agricultores logren sus objetivos planteados, señaló el obispo de Trujillo, Henry Ruiz Mora.







