26 de junio de 2025
Distrito Central, Honduras — Una dolorosa tragedia conmovió a la comunidad policial y al país entero luego de que se confirmara que un agente activo de la Policía Nacional asesinó a su pareja, también miembro de la institución, para luego suicidarse en un acto desesperado motivado por una relación afectiva marcada por la toxicidad, los celos y la dependencia emocional extrema.
El hecho ocurrió entre la noche del martes 24 y la madrugada del miércoles 25 de junio, pero fue hasta la mañana del miércoles que las autoridades hallaron los cuerpos sin vida en el interior de una camioneta Honda CRV color gris, abandonada en las cercanías de la aldea La Cuesta número 1, al norte del Distrito Central.
Las víctimas fueron identificadas como la Clase 1 Arely Yaritza Matamoros, de 28 años, y su pareja, el agente Edwin Geovany Torres Sanabria, de 42, ambos asignados a la Unidad Metropolitana de Prevención (Umep) número 4, conocida como la posta de Belén. Torres Sanabria era el conductor personal del subcomisionado Osorto, jefe de esa unidad.
De relación inestable a tragedia irreversible
Según versiones preliminares y testimonios de familiares y colegas, la pareja mantenía una relación afectiva inestable y conflictiva, con antecedentes de celos, rupturas constantes y episodios de control emocional.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, Torres Sanabria llegó la noche del martes a la residencia de Matamoros, ubicada en el extremo sur de la capital, para invitarla a salir. Luego, bajo circunstancias aún investigadas, le disparó en al menos siete ocasiones dentro del vehículo, provocándole una muerte instantánea. Horas después, al parecer en un intento de simular un secuestro o cambiar la escena del crimen, trasladó el cuerpo hacia la zona de La Cuesta. Sin embargo, en ese recorrido el agente decidió acabar con su vida disparándose en la sien.
La camioneta fue hallada por vecinos que alertaron a las autoridades al notar el vehículo estacionado en un lugar inusual. Agentes policiales y equipos de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) llegaron a la escena y al inspeccionar el vehículo confirmaron el espeluznante hallazgo: la mujer yacía en el asiento trasero y el hombre en la cabina frontal.
Hipótesis oficial: crimen pasional y trastorno emocional
Durante las primeras horas tras el hallazgo, se manejaron varias hipótesis, incluida la posibilidad de un doble asesinato a manos de grupos criminales. No obstante, esta fue descartada posteriormente por las autoridades, tras recopilar evidencias balísticas, analizar cámaras de vigilancia y realizar entrevistas con personas cercanas a la pareja.
En conferencia de prensa, el portavoz de la Secretaría de Seguridad, Miguel Martínez Madrid, confirmó que el hecho corresponde a un caso de homicidio seguido de suicidio, vinculado a lo que los psicólogos clínicos han denominado “colopatía patológica”, es decir, un trastorno que genera celos irracionales, comportamiento posesivo y una intensa dependencia emocional.
“Este caso nos obliga a hablar sobre la salud mental dentro de las instituciones, particularmente en cuerpos de seguridad donde el estrés y la presión diaria pueden agravar trastornos preexistentes. No hubo intervención de maras ni crimen organizado. Fue una tragedia impulsada por una relación enfermiza y una emocionalidad desbordada”, aseguró Martínez Madrid.
Trastornos, cultura machista y señales de alerta
El vocero añadió que este tipo de crímenes están arraigados en estructuras culturales machistas donde algunos hombres desarrollan la errada creencia de que su pareja les pertenece, y que en casos de ruptura o conflicto, tienen derecho a decidir sobre su vida o su muerte.
Martínez Madrid también advirtió que conductas como las de Torres Sanabria pueden estar asociadas a trastornos de personalidad como el trastorno límite (TLP), narcisista o antisocial, donde la regulación emocional y la tolerancia al rechazo están significativamente comprometidas.
“El agresor creyó erróneamente que matando a su pareja y luego suicidándose resolvería el conflicto. Esta idea es parte de una construcción coercitiva del amor, donde se asocia la posesión con afecto y el control con compromiso. Es urgente que abordemos esto desde la educación, la salud mental y la prevención institucional”, puntualizó.
Llamado a la prevención y al fortalecimiento institucional
Organizaciones defensoras de los derechos de la mujer también reaccionaron ante el crimen. La Red de Mujeres contra la Violencia instó al gobierno a fortalecer los sistemas de apoyo y denuncia para mujeres policías que sufren violencia en el ámbito laboral o personal.
“No es la primera vez que un miembro de las fuerzas de seguridad asesina a su pareja. Se necesita con urgencia la implementación de programas de salud mental, evaluaciones psicológicas periódicas y una cultura institucional que no normalice los celos, el control o la intimidación en las relaciones de pareja”, dijo su portavoz, Karen Leiva.





