A cinco décadas de uno de los episodios más oscuros y silenciados en la historia hondureña
El pasado que no deja de pesar
Los hechos ocurrieron el 25 de junio de 1975, cuando un grupo de 14 personas —campesinos, estudiantes y líderes religiosos como los sacerdotes Casimiro Cypher (estadounidense) y Iván Betancourt (colombiano)— fueron interceptados en el camino hacia Tegucigalpa, donde pretendían participar en una marcha nacional convocada por la UNC en demanda de tierra y alimentos. Se hospedaron la noche anterior en el Centro de Capacitación Santa Clara y fueron desalojados violentamente por agentes de la desaparecida Dirección de Investigación Criminal .
Esa noche, en la hacienda Los Horcones, propiedad del terrateniente José Manuel Zelaya Ordóñez (padre del expresidente Manuel Zelaya Rosales), los campesinos y religiosos fueron sometidos a interrogatorios brutales, torturados y asesinados de manera sistemática. Cinco agricultores fueron quemados vivos, los cuerpos de los sacerdotes castrados y mutilados, y dos mujeres arrojadas con vida a un pozo malacate que luego fue dinamitado.
Tras el hallazgo de los cuerpos, el gobierno ordenó la expulsión de religiosos del área y procedió a juzgar a los principales responsables: el mayor José Enrique Chinchilla, el teniente Benjamín Plata, el terrateniente José Manuel Zelaya Ordóñez y Carlos Bahr, quienes recibieron condenas de 20 años pero fueron liberados en septiembre de 1980 tras un indulto presidencial .
Cinco décadas después: exigencia de verdad, justicia y perdón
Durante una misa conmemorativa oficiada por el sacerdote jesuita Gregorio Vásquez en El Progreso, familiares de las víctimas, líderes campesinos y religiosos hicieron un llamado urgente a la conciencia nacional. Organizaciones como ERIC (Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación) exigieron al expresidente Manuel Zelaya Rosales reconocer lo ocurrido y pedir perdón en nombre de su padre, ya fallecido.
Zelaya Rosales calificó la matanza como un “hecho trágico” y defendió la inocencia de su padre, insistiendo en que los militares y no la familia Zelaya fueron los responsables materiales e intelectuales del crimen. Afirmó que un juez en Juticalpa declaró a su padre inocente.
Relevancia actual y desafíos pendientes
El recuerdo viviente de Los Horcones no solo es un acto de justicia hacia las víctimas sino también un símbolo de resistencia agraria y religiosa. La masacre, al igual que otros eventos trágicos como la huelga de 1954 o la guerra con El Salvador, abrió una herida en la conciencia nacional y fortaleció grupos sociales contra la opresión oligárquica.
La masacre de Los Horcones no es simplemente una página negra del pasado: es un espejo donde Honduras debe verse para rescatar su dignidad y construir un futuro sin impunidad. La memoria colectiva reclama justicia, y el país debe escuchar.
Basado en múltiples informes de EFE, La Prensa, Reportar Sin Miedo, SINFILTROHN y otras voces clave en la cobertura histórica de este hecho trágico.





