Comayagua, Honduras. — La violencia que azota a Honduras volvió a dejar una escena estremecedora en Siguatepeque, departamento de Comayagua. Dos adolescentes, de apenas 14 y 15 años, fueron hallados sin vida, uno dentro de un saco y el otro envuelto en sábanas, ocultos bajo una cama en una humilde cuartería del barrio Santa Marta.
Las víctimas fueron identificadas como William Jahir Díaz Jiménez (14) y Olman Adalberto Lara Castellanos (15), tras ser sometidas a exámenes científicos de odontograma en la morgue de Tegucigalpa, Francisco Morazán. Sus familiares retiraron los cuerpos la mañana de ayer, en medio del dolor y la indignación.
El hallazgo se produjo el lunes anterior, luego de que autoridades recibieran una denuncia por supuesta agresión dentro de una de las habitaciones de la cuartería. Al llegar al sitio, efectivos policiales asignados a la Unidad Metropolitana de Prevención Número 16 (Umep-16) fueron recibidos por una escena de horror: dos cuerpos sin vida, uno metido en sacos y otro envuelto en telas, en una clara señal de que se intentaba deshacerse de ellos.
Respuesta inmediata y captura de sospechosos
La reacción de las fuerzas del orden fue inmediata. Gracias a la coordinación entre el Sistema Nacional de Emergencias 911, las patrullas preventivas y equipos de investigación, tres personas fueron requeridas de forma preventiva en el mismo lugar del hallazgo.
Según el reporte policial, los detenidos se encontraban en el interior de la habitación y, al momento de ser descubiertos, aparentemente se disponían a encostalarlos por completo para ocultar las evidencias del doble crimen.
La escena fue asegurada con estrictas medidas de preservación de evidencias, pues los investigadores consideran que los elementos recolectados serán cruciales para esclarecer el móvil del ataque y confirmar la participación de los capturados.
Un nuevo golpe a la seguridad ciudadana
El caso ha generado consternación no solo en Siguatepeque, sino en todo el país, al sumarse a la creciente lista de hechos violentos que involucran a menores de edad, tanto como víctimas como en la condición de victimarios. Organizaciones de derechos humanos y líderes comunitarios han reiterado su llamado al Estado para reforzar las políticas de prevención, protección a la niñez y combate frontal a las estructuras delictivas.
Mientras la investigación avanza, las familias de William y Olman enfrentan la dolorosa tarea de despedir a dos vidas que apenas comenzaban, truncadas por la brutalidad de la violencia que sigue marcando el día a día en Honduras.





