Tegucigalpa / San Pedro Sula, 17 de agosto de 2025. – Bajo un ambiente de fervor y unidad, miles de hondureños respondieron al llamado de la Iglesia Católica y de la Confraternidad Evangélica, participando en una caminata de oración que recorrió calles y avenidas en distintas ciudades del país, con un solo clamor: pedir a Dios por una nación en paz, en democracia y con respeto al voto popular.

La jornada, que se desarrolló de manera simultánea en Tegucigalpa, San Pedro Sula y en más de una veintena de municipios, se convirtió en una de las movilizaciones religiosas más significativas de los últimos años, marcada por la fe, la esperanza y el rechazo a la violencia política.
Un gesto de unidad
El arzobispo de Tegucigalpa, monseñor José Vicente Nácher Tatay, y el presidente de la Confraternidad Evangélica de Honduras, pastor Gerardo Irías, encabezaron la multitudinaria caminata. Antes de iniciar el recorrido, ambos líderes se unieron en un emotivo momento de oración conjunta, en la que elevaron plegarias por la democracia, la justicia, el respeto al sufragio y la paz en el país.
En un gesto que fue ovacionado por los asistentes, Nácher Tatay e Irías se fundieron en un abrazo, enviando un mensaje de reconciliación y de unidad nacional. “Que en estas elecciones prime el respeto, la justicia y el amor al prójimo. Rechacemos campañas de odio y caminemos juntos como hondureños que sueñan con un país mejor”, expresó el arzobispo.
Masiva participación ciudadana
La caminata congregó a personas de todas las edades. Familias completas, adultos mayores y jóvenes ondearon con orgullo la bandera azul y blanco de Honduras durante el recorrido. Las consignas y cánticos estaban centrados en la paz, la reconciliación y la fe, sin expresiones de odio ni actos vandálicos.

A diferencia de otras manifestaciones sociales, la caminata de oración se desarrolló en un ambiente completamente pacífico. No se reportaron daños a la propiedad pública ni privada, ni enfrentamientos con las autoridades.
Ataques y cuestionamientos
La convocatoria no estuvo exenta de críticas. Desde algunos sectores del gobierno, la actividad fue descalificada y catalogada como un “político disfrazado de oración”, en un intento por restarle legitimidad. Sin embargo, la ausencia total de líderes políticos o candidatos a cargos de elección popular en la movilización dejó en evidencia que el protagonismo recayó exclusivamente en la feligresía y en los pastores y sacerdotes que acompañaron la marcha.

“Esto no es de partidos, es del pueblo de Dios. El pueblo salió a las calles porque quiere paz y democracia, no porque lo mandó un político”, respondió el pastor Irías a las críticas, subrayando que el único objetivo de la caminata fue elevar oraciones por Honduras.
Llamado a ejercer el sufragio
Al finalizar la caminata, tanto Nácher Tatay como Gerardo Irías coincidieron en enviar un mensaje directo a la ciudadanía: acudir a las urnas el próximo 30 de noviembre, fecha en que se celebrarán las elecciones generales.
“Pedimos a todos los hondureños que no se queden en casa, que vayan a votar de manera consciente y responsable. Honduras necesita que su pueblo defienda la democracia participando en el proceso electoral”, afirmó el arzobispo.
Por su parte, Irías remarcó que el voto debe ejercerse con libertad, sin presiones ni manipulación. “El país nos necesita unidos, respetando el derecho de cada ciudadano a elegir. Es la única forma de fortalecer nuestras instituciones y construir una Honduras en paz”, dijo.
Una movilización con eco nacional
Aunque la actividad fue convocada únicamente por las iglesias, diversos sectores de la sociedad civil y organizaciones comunitarias expresaron su respaldo a la jornada de oración. Para muchos hondureños, el mensaje de unidad y reconciliación enviado por los líderes religiosos se convirtió en un contrapeso al clima de confrontación política que ha predominado en los últimos meses.
Las calles se vistieron de banderas nacionales, cánticos y plegarias que reflejaron la aspiración de un pueblo cansado de la división, la corrupción y la violencia. Para los organizadores, la caminata no fue un punto final, sino un punto de partida hacia un proceso electoral en el que la fe, la democracia y la paz sean los pilares de la convivencia nacional.





