Por: Arístides Mejía Carranza
Cuando se publiquen estas líneas, quizás el régimen chavista encabezado por Maduro se haya derrumbado como castillo de naipes y el Socialismo del Siglo XX pasará a la historia. Pero quizás no.
Si ocurre, terminará el discurso tonitruante, desafiante y fachendoso con el que el régimen despótico se arropa.
Queda por ver si la salida será la de un guerrero que dice ser o será como la de la mayoría de los dictadores que huyen subrepticiamente luego de haber arengado a la población para la defensa de “la nación” que en realidad es la de ellos.
Batista, Somoza y Noriega escaparon para no enfrentar la justicia.
El último recurso es utilizar al ejército y a sus propios partidarios cuando todo está perdido. Esto refleja el grado de egoísmo y crueldad extrema de los líderes canallescos con ínfulas de caudillos.
Son pocos los hombres que llevados a esta circunstancia se comportan con valentía.
Entre los mártires de la izquierda tienen el ejemplo del Che Guevara que enfrentó su ejecución y el de Allende que se negó a rendirse.
Las condiciones para derrocar y capturar a Maduro están dadas.
Porque financiar gobiernos enemigos, participar en el narcotráfico y dar cobijos a terroristas para agredir a otro país puede ahora ser considerada causus belli.
La acción estadounidense está fundada en el no reconocimiento al gobierno de Maduro tras las cuestionadas elecciones de 2024 y una orden judicial de arresto por narcotráfico.
La mentada solidaridad tan valorada por la izquierda será solamente de los pocos gobiernos subalternos de la región, porque las potencias amigas no saldrán en su defensa a pesar de la entrega de los recursos naturales.
De poco habrán servido más de dos décadas de cooperación venezolana buscando ganar influencia a través del internacionalismo revolucionario y del nacionalismo latinoamericano.
La camarilla chavista hizo quizás su última aparición el pasado sábado, estaban taciturnos y despavoridos, parecía que de repente realizaban que no se puede hablar de defender una “causa justa” con las manos sucias y engañar a los demás.
Porque ni Brasil, ni Colombia, sus grandes vecinos y otrora aliados ideológicos van a defenderlos.
Y si Lula es un socialista democrático, Petro parece no serlo, tendrá que poner las barbas en remojo.
En América Latina los gobiernos socialistas democráticos han sido críticos sotto voce de los regímenes socialistas autoritarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Existe una fractura. Mientras Chile y Uruguay se apartan, México y Brasil –las potencias regionales- ven el contexto geoestratégico y actúan con retención.
Como lo había considerado en un artículo de febrero pasado, las cosas cambiarían para América Latina con el ascenso de Marco Rubio, quien ahora reúne la doble condición de jefe del Departamento de Estado y asesor de Seguridad Nacional.
Él ha de ser el inspirador de esta estrategia que puede surtir el efecto dominó de hacer caer a los amigos del régimen de Caracas.
El régimen de Maduro ha sido aislado tras las elecciones del año pasado y solo tiene el apoyo incondicional de Cuba, Nicaragua y Honduras.
En Honduras la presidente, el líder y la candidata de Libre han rasgado sus vestiduras por el desfalleciente régimen de Caracas avalando sus políticas.
Las consecuencias de la caída de tan importante aliado no se harán esperar.
Harán más difícil repetir aquí una elección fraudulenta.
Aumentará el desprestigio por el compromiso asumido con un régimen que se revela completamente corrupto, autoritario, cobarde e inepto lo que generará desmoralización y temor en las filas de Libre.
Y la oposición habrá tenido razón sobre las advertencias del peligro que representan los que idealizaron al régimen venezolano para emularlo.





