Fecha: 11 de septiembre de 2025
Lugar: Tegucigalpa, Honduras
A poco más de dos meses para las elecciones generales de Honduras, surge una advertencia de peso por parte del especialista en derecho internacional, Graco Pérez: sin una observación transparente —tanto doméstica como extranjera— el proceso electoral corre el riesgo de quedar manchado por dudas e interrogantes. Pérez recalca que la credibilidad no se construye solamente al momento de votar, sino en cada etapa del proceso democrático.
El papel crucial de la observación electoral
Para Pérez, la observación —nacional e internacional— no es un mero formalismo, sino la estructura que sostiene la confianza pública. Él explica que aunque exista una participación ciudadana masiva, es fundamental que haya testigos imparciales que certifiquen que todas las fases se cumplen según la ley: preparación de urnas, traslado y custodia del material electoral, conteo, transmisión de resultados, entre otras. Sin esta supervisión, cualquier indicio de irregularidad puede convertirse en una acusación seria y erosionar la legitimidad del resultado.
Un punto que subraya con insistencia es que la vigilancia debe abarcar no solo el día de la votación, sino también los momentos previos —cuando se designan las credenciales, se organizan los cronogramas, se hacen adjudicaciones— y los posteriores, cuando los resultados se analizan, se impugnan si hace falta, y se consolidan.
Alertas tempranas: credenciales y tiempo insuficiente
Pérez advierte sobre señales que ya generan preocupación. Uno de los ejemplos que menciona es que “las internas prácticamente el día antes se les entregaron las credenciales a los observadores internacionales, y el mismo día de las elecciones a muchos nacionales.” Para él, esta práctica no es sólo logística inadecuada: es potencial puerta para incertidumbres.
El especialista insiste en que los plazos para acreditar observadores deben cumplirse con tiempo, de modo que las misiones tengan suficiente margen para prepararse, observar todo el proceso y reunir información clara desde distintos puntos del país. Un retraso en la acreditación, dice, genera sospechas antes de que vote la primera persona y deslegitima de antemano posibles resultados.
Comparaciones regionales y lecciones aprendidas
Para ilustrar lo que está en juego, Pérez compara el caso de Honduras con otros países de Latinoamérica. Cita a Venezuela, donde elecciones han sido cuestionadas internacionalmente por falta de transparencia, y contrasta con Bolivia, en cuyos últimos comicios, según él, no se han registrado objeciones importantes a los resultados gracias a una observación más clara del proceso.
Estos ejemplos sirven para subrayar que la legitimidad electoral no sólo depende de lo que ocurre dentro de un país, sino también de la percepción internacional y la credibilidad que ésta otorga o le quita al proceso completo.
Impactos potenciales de la falta de observación
Pérez advierte que si no se asegura una vigilancia amplia y efectiva, los costos no serán solo simbólicos. Podrían manifestarse de varias maneras:
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Políticamente, con protestas, acusaciones de fraude, pérdida de confianza en las instituciones democráticas.
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Socialmente, con polarización creciente, con ciudadanos que desconfían del sistema, lo cual puede aumentar la tensión.
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Diplomáticamente, con actores extranjeros o instituciones internacionales rehusándose a validar los resultados, o tomando distancia ante lo que consideren irregularidades.
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Para la institucionalidad, ya que la credibilidad del CNE, de los tribunales electorales, los organismos fiscalizadores, puede verse seriamente afectada si se percibe que no se cumplió con los estándares mínima de transparencia.
Conclusión y llamado a la acción
El llamado de Graco Pérez es claro: es urgente que las autoridades electorales agilicen la acreditación de observadores nacionales e internacionales, y que durante todo el proceso se garantice transparencia real. No se trata solo de cumplir con protocolos, sino de construir confianza —entre partidos políticos, medios, sociedad civil y ciudadanía en general— para que el resultado final sea aceptado y contribuya a la estabilidad democrática.
“Más allá de quién resulte electo”, concluye Pérez, “lo que está en juego es la legitimidad de nuestras instituciones, la estabilidad política y, en última instancia, la credibilidad de Honduras ante el mundo”.





