Por: Adan Hilario Suazo Molina
Salvador Allende, presidente de Chile (1970-1973), llegó al poder con tan solo 36.6% de los votos; a pesar de esta debilidad, centró su objetivo de gobierno en: “transformar Chile en un Estado socialista por medios pacíficos, legales y democráticos – aun sin el respaldo de una revolución armada”. Se conoce que, en el primer año, logró el apoyo de los congresistas, llegando a imponer algunas grandes transformaciones como ser: Nacionalización del Cobre; Reforma agraria acelerada, llegando a expropiar 4 millones de hectáreas; Estatización de la Banca y otras empresas clave; congelación de precios, aumento de salarios para reactivar el consumo. 1971 fue un año prometedor, crecimiento del PIB fue al 8.6%. pero el siguiente año, el modelo comenzó a mostrar limitaciones, caída de ingresos y una inflación incontrolada de 160%, comenzaron las protestas y el país se polarizó gravemente, la vía pacífica del socialismo se transformó en lucha de poder; la inflación superó el 500%, paros, huelgas, Congreso contra el Ejecutivo y surgimiento de grupos armados como el Movimiento izquierdista Revolucionario (MIR); Allende propone un plebiscito, pero fue demasiado tarde; el 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas lideradas por el general Augusto Pinochet ejecutan un golpe de Estado, Allende murió ese día.
Durante estos acontecimientos, ya la industria estaba comprometida un 40%, así como un 60% del sistema financiero, ambas confiscaciones Estatales; el proyecto había caído en un punto crítico, la oposición pudo desnudar el fracaso y debilidades de un modelo fallido y profundamente utópico… ¿tiene posibilidad una revolución pacífica socialista, sin revolución armada? La expectativa, solamente representa, una burda justificación, el modelo socialista, por sí solo, conduce al autoritarismo, dictaduras de izquierda, éxodo forzado, miseria y todas las desgracias que observamos, en los países que desgraciadamente, tienen que vivir bajo estos sistemas, la historia reciente registra, la increíble implosión de la URSS, y el caso, China Popular, que tan solo es, una adaptación capitalista a su modo y conveniencia: por tanto, solo una forma no un modelo. Volviendo al caso Chile, quizá un factor esencial, que provocó el fracaso acelerado y dramático de Allende, fue el estrecho margen de votación y, aun así, intentar reformas radicales, tampoco obtuvo un control total del poder. ¿acaso estas estas aventuras, son un modelo que seguir? hasta la pregunta es necia, cuando lo obvio es el estándar.
Como siempre la euforia del triunfo, produce acontecimientos insólitos, y en esta ocasión hubo algo, que, en lugar de favorecer y apuntalar al nuevo régimen, perjudicó la culminación de los objetivos. La visita de Fidel Castro a Chile en noviembre de 1971, quien permaneció 24 días… a pesar del simbolismo de la visita, constituyó un grave error estratégico. Fidel Castro turisteó por todo Chile, visitó fábricas, universidades, el área rural, en donde daba discursos en favor del plan de Allende, pero pedía celeridad en los cambios y una postura más radical; la presencia y actitud de Castro alarmó a la oposición, a las Fuerzas Armadas y alertó a los EE.UU., el ejemplo cubano podía replicarse; definitivamente, la visita contaminó el ambiente político y Allende se vio aislado tanto en Chile como en el exterior, la presencia de Castro fue una razón de peso en el fracaso de Allende, no obstante, el débil triunfo electoral, sin mayoría parlamentaria y sin mando y control de las Fuerzas Armadas y Policiales, produjo un gobierno en extremo vulnerable.
Sabemos que la historia socialista chilena no concluyó con Allende, casi 50 años después, Gabriel Boric es elegido bajo un programa de izquierda moderada, quizá copiando o tratando de emular a los países nórdicos, un caso particular que muchos izquierdistas ven como modelo a seguir, craso error, los nórdicos están lejos del socialismo como doctrina. Boric enfrenta ahora problemas parecidos a los de Allende: crecimiento débil, alto desempleo, problemas legislativos a las reformas propuestas, promesas incumplidas. Boric no llegó después de una revolución, pero sí después de graves disturbios sociales y total, sus expectativas socialistas allí mueren. Allende terminó su socialismo radical en un golpe de Estado… Boric ahora moderado, pero igual bloqueado y quieto.
Para fortuna de los chilenos, cuentan con una base popular culta, con un sistema institucional robusto, con liderazgo político de altura, pero, sobre todo, con unas Fuerzas Armadas y policiales profesionales al servicio del Estado, obedientes de las leyes que les rigen.
Este oportuno recordatorio, es para nosotros hondureños, que somos los dueños de nuestro destino, no permitamos que se nos roben la libertad y la esperanza.
*Coronel de Aviacion ®





