Tegucigalpa, Honduras. – En un giro preocupante para la economía industrial del país, el sector de la maquila registró la pérdida de 33 411 puestos de trabajo en el periodo comprendido entre 2022 y 2024, según el informe Industria de bienes para transformación y actividades conexas.
El impacto por subsectores
La caída no fue uniforme. De las diversas ramas, la más afectada fue la textilera: pasó de 116 312 empleos en 2022 a 82 834 en 2024, es decir, una reducción de 33 478 plazas. Atribuyen esta merma principalmente al cierre de empresas: la cantidad de fábricas textiles bajó de 115 a 96 en ese lapso.
Por contraste, otras ramas como la fabricación de arneses para la industria automotriz experimentaron mejor resistencia: dicha industria elevó su nómina de 19 670 a 23 038 empleados entre 2022 y 2024.
¿Qué está pasando?
Analistas y representantes del sector señalan varios factores que confluyen para explicar esta tendencia:
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Competencia internacional y costos: la maquila textil hondureña enfrenta competencia creciente de países con menores costos de producción que han atraído pedidos tradicionales.
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Automatización y cambio de modelo productivo: algunas plantas han reducido personal o ajustado su operación ante nuevas tecnologías o requerimientos de eficiencia.
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Desinversión o traslado de operaciones: la reducción en el número de empresas textiles (de 115 a 96) sugiere que parte del negocio se ha deslocalizado o que compañías han cerrado por rentabilidad insuficiente.
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Fortalecimiento de otros subsectores: la fabricación de arneses eléctricos se perfila como un gancho alternativo para la maquila hondureña, al importar menos mano de obra intensiva que el textil tradicional.
Consecuencias socioeconómicas
La pérdida de más de 33 mil empleos en un solo sector como la maquila es alarmante para un país donde esta industria juega un rol clave en la generación de divisas y ocupación. Los efectos inmediatos incluyen:
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Mayores tasas de desempleo localizadas en zonas industriales donde predomina la maquila textil.
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Menor entrada de divisas asociadas a las exportaciones de prendas de vestir, lo cual puede afectar balanzas comerciales.
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Presión sobre políticas públicas de empleo y de transición laboral: los trabajadores desplazados requieren reconversión o reinserción en otros subsectores.
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Riesgo de mayor informalidad si los afectados no son absorbidos por otros segmentos de la economía formal.
Mirada hacia adelante
Para revertir o mitigar esta tendencia, algunos retos y oportunidades se perfilan en el horizonte:
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Reorientación de la maquila hacia actividades de mayor valor agregado, que exijan tecnologías más avanzadas o integraciones logísticas.
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Incentivos para que las empresas existentes amplíen su planta de producción, o para que nuevas firmas del tipo de arneses y autopartes se establezcan en Honduras.
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Fortalecimiento de políticas de capacitación laboral para que la mano de obra desplazada pueda migrar hacia nuevos roles productivos.
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Mayor integración de la industria maquiladora con cadenas regionales de valor, diversificando clientes y productos más allá de la confección de bajo coste.
Conclusión
La maquila hondureña enfrenta un momento crítico. La pérdida de 33 411 empleos entre 2022 y 2024 revela un cambio estructural más profundo que una simple crisis coyuntural. Si bien algunas ramas como las de arneses se mantienen estables o crecen, el tradicional motor textil requiere urgente reconfiguración para seguir siendo un pilar de empleo y exportación en Honduras.





