La historia es conocida: Jorge Cálix logró reunir los votos necesarios para presidir el Congreso, desafiando a la cúpula de LIBRE.
Tegucigalpa, Honduras | 21 de enero de 2026
La disputa por la presidencia del Congreso Nacional vuelve a colocar al sistema político hondureño frente a un escenario conocido, marcado por intensos cabildeos, negociaciones bajo la mesa y movimientos inesperados que, históricamente, han cambiado el rumbo de lo que parecía inevitable. En esta ocasión, el nacionalista Tomás Zambrano y el liberal Jorge Cálix emergen como figuras centrales de una contienda que podría redefinir el equilibrio de poder en el Legislativo.
Desde 1982 hasta la fecha, la elección del titular del Congreso ha estado condicionada por una realidad matemática ineludible: ningún partido ha logrado, por sí solo, los 65 votos de los 128 diputados necesarios para controlar la junta directiva. Esa limitación ha obligado a pactos entre adversarios políticos y ha permitido que candidaturas consideradas “seguras” sean desplazadas por terceras vías o acuerdos de última hora.
Durante casi cuatro décadas, el bipartidismo conformado por el Partido Liberal y el Partido Nacional dominó el escenario político. En ese periodo, el partido que ganaba la presidencia de la República rara vez superaba los 55 diputados, por lo que debía recurrir al apoyo de su rival histórico para presidir el Congreso. Dichos acuerdos siempre fueron justificados públicamente en nombre de la “gobernabilidad”, la “democracia” y la “estabilidad del país”.
El quiebre del bipartidismo y el precedente de 2021
Ese esquema se rompió en 2021 con la irrupción de LIBRE como fuerza política determinante, aunque la lógica numérica se mantuvo intacta. En aquel momento, el partido de gobierno contaba con 50 diputados, el Partido Nacional con 46 y el Partido Liberal se convirtió en el fiel de la balanza.
La historia es conocida: Jorge Cálix logró reunir los votos necesarios para presidir el Congreso, desafiando a la cúpula de LIBRE, pero la imposición de Luis Redondo —respaldada por el oficialismo— terminó por desatar una crisis política sin precedentes, evidenciando que los acuerdos parlamentarios pueden ser tan frágiles como decisivos.
Un nuevo Congreso, la misma ecuación
Hoy, al instalarse el nuevo Congreso Nacional, el escenario vuelve a ser incierto. El Partido Nacional suma 49 diputados, el Partido Liberal 41 y LIBRE 34, cifras que confirman que ningún bloque puede alcanzar la presidencia legislativa sin alianzas.
Aunque la dirigencia de LIBRE ha reiterado que se mantendrá al margen de las negociaciones, su peso numérico convierte a sus votos en un factor determinante, incluso si estos se negocian de manera discreta. En los hechos, la disputa vuelve a centrarse en el bipartidismo, aunque en política —como demuestra la historia— nada está escrito.
Todo indica que los nacionalistas parten como favoritos, con Tomás Zambrano perfilándose como el candidato con mayores posibilidades. Sin embargo, su eventual triunfo dependerá de cuántos diputados liberales estén dispuestos a respaldarlo, apelando nuevamente al discurso del “bien del país” y la “defensa de la democracia”.
Liberales, LIBRE y la carta Cálix
En paralelo, no se descarta un giro inesperado. El Partido Liberal podría hacerse con la presidencia del Congreso si acepta, aunque sea de forma silenciosa, el respaldo de LIBRE. En ese escenario, los nombres de Yury Sabas y Marlon Lara figuran como opciones, pese a que la dirigencia liberal ha ordenado no negociar con el partido saliente.
A esto se suma un elemento que mantiene en vilo al hemiciclo: la reciente inscripción de Jorge Cálix como diputado por Olancho. Su experiencia en maniobras parlamentarias y el antecedente de 2021 lo colocan nuevamente como un actor capaz de alterar el tablero en cuestión de horas, o incluso minutos.
Si algo ha demostrado la historia legislativa de Honduras es que la presidencia del Congreso rara vez se define por anticipado. Entre negociaciones ocultas, traiciones políticas y alianzas impensadas, el desenlace de esta jornada podría repetir viejos patrones o escribir un nuevo capítulo marcado, otra vez, por la incertidumbre.





