Madres y ancianos buscan sobrevivir en las calles mientras la ley prohíbe la mendicidad en Honduras
TEGUCIGALPA, HONDURAS.- En la bulliciosa peatonal de Tegucigalpa, una joven madre, Carla Hernández, se sienta cada día con sus dos hijos, cerca de un popular restaurante de pizza. Con un susurro suave y un tirón en el pantalón de los transeúntes, pide ayuda para alimentar a su familia. Su historia no es única en la capital hondureña, donde la mendicidad, aunque prohibida por la Ley de Convivencia, se ha convertido en un recurso de supervivencia para muchos.
La escena de Carla y sus hijos se repite cerca del Congreso Nacional, un contraste irónico entre la necesidad de los ciudadanos y la legislación que criminaliza su forma de subsistir. A pocos metros de los «padres de la patria», individuos como Ricardo López, un anciano que apenas puede caminar, extienden la mano en busca de solidaridad.
En el corazón del centro histórico, cerca de la estatua de Francisco Morazán, un grupo de mujeres con niños a cuestas clama por una «varita» (lempira) para alimentar a los «cipotes». Una de ellas, María Espinoza, comparte su historia bajo la condición de anonimato: “La mera neta, mi mamá me traía de pequeña a pedir, y esta es una forma para mí, pues, de ganarme la vida, es lo único que sé hacer”.
Prohibición y Realidad
La Ley de Policía y de Convivencia Social de 2002 es clara: la mendicidad sin permiso municipal está prohibida, y utilizar a menores, discapacitados o enfermos para este fin es un delito. Sin embargo, el cumplimiento de esta normativa parece ser laxo. El abogado José Santos Cabrera, conocido defensor de derechos humanos, lamenta la situación: “Tengo entendido, las personas deben obtener un permiso de la Alcaldía y su conducta debe ser regulada, como en otros países, para evitar exponer a niños o utilizar a personas discapacitadas”.


Por su parte, la socióloga María Figueroa atribuye el fenómeno de la mendicidad a la pobreza extrema y la falta de oportunidades laborales. “La mendicidad obedece a la pobreza extrema y falta de oportunidades laborales. Solo hay que observar los índices de pobreza extrema”, subraya Figueroa, destacando que la situación ha empeorado a pesar de las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) que muestran una disminución en la tasa de pobreza extrema en los últimos años.
Impacto en la Infancia
La situación de los niños es particularmente grave. Según datos recientes, cerca del 40% de los niños en edad escolar en Honduras ha dejado de comer para que sus hermanos o padres puedan hacerlo. Este problema se refleja en las calles, donde cada vez más menores acompañan a sus familias en la difícil tarea de pedir ayuda.

El Día Internacional de la Niñez en Situación de Calle ha sido una oportunidad para que organizaciones exijan al Estado estrategias que garanticen la protección de estos menores. Con aproximadamente 20,000 niños sobreviviendo en las calles sin la protección del Estado, la situación exige una respuesta urgente y efectiva.
Una Mirada al Futuro
La mendicidad en Tegucigalpa es una manifestación de las profundas desigualdades y la falta de oportunidades en Honduras. La prohibición legal contrasta con la realidad cotidiana de miles de ciudadanos que, como Carla y Ricardo, no encuentran otra forma de subsistir. A medida que la situación económica se agrava, es imperativo que las autoridades busquen soluciones que aborden no solo los síntomas, sino también las causas subyacentes de esta problemática social.
Mientras tanto, las voces de la calle continúan clamando por ayuda, revelando una dolorosa contradicción entre la legislación y la realidad de quienes luchan por sobrevivir en la capital hondureña.





