Tegucigalpa, Honduras – 18 de noviembre de 2024
La tormenta tropical Sara, que azotó Honduras con lluvias torrenciales y desbordamientos catastróficos, comienza a dar tregua al país. Con su salida el domingo, las autoridades han intensificado los esfuerzos para atender a más de 111,000 personas afectadas. Sin embargo, el balance inicial deja al menos dos fallecidos y pérdidas materiales millonarias.
El descenso en el nivel de las aguas, especialmente en las zonas más afectadas como el Caribe y el centro del país, ha facilitado el acceso a comunidades previamente aisladas. Desde la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias (Copeco), se reporta que la movilización de ayuda, tanto por tierra como por aire y agua, ha sido clave para responder a la crisis.
Impacto histórico de Sara
Según datos de Copeco, en ciudades como La Ceiba, departamento de Atlántida, se registraron precipitaciones de hasta 1,250 milímetros, superando incluso las cifras del devastador huracán Mitch de 1998 y de las tormentas Eta e Iota en 2020. La magnitud de las lluvias intensificó la emergencia cuando Sara permaneció estacionada por nueve horas sobre Roatán entre el viernes y el sábado.
El impacto de la tormenta ha dejado carreteras destruidas, puentes colapsados, cultivos arrasados y comunidades enteras incomunicadas. La presidenta Castro y su equipo han destacado la urgencia de acelerar las labores de limpieza y reconstrucción en cuanto las condiciones climáticas lo permitan.
Alerta ante nuevos frentes climáticos
Aunque las lluvias han cesado en Tegucigalpa y otras ciudades importantes, Copeco advierte que un frente frío proveniente del norte podría traer nuevas precipitaciones a partir del jueves. Por ello, el país mantendrá las alertas activas y continuará con las suspensiones de clases y el teletrabajo para los empleados públicos.
Memorias de tragedias pasadas
Los hondureños aún recuerdan con dolor las tormentas Eta e Iota de 2020, eventos que dejaron un centenar de fallecidos y severos daños materiales. Aunque Sara se ha degradado a baja presión, sus remanentes mantienen viva la preocupación en un país que sigue siendo uno de los más vulnerables al cambio climático.
Con cielos despejados y un rayo de esperanza, Honduras enfrenta el desafío de levantarse una vez más, apostando por la solidaridad y la resiliencia de su gente.





