30 diciembre 2024
Otto Martin Wolf
La mayor parte de los actuales habitantes del planeta no habían nacido cuando cayó sobre Cuba la mayor desgracia que haya sufrido un pueblo; la llegada al poder de Fidel Castro, hace ya 66 años.
En poco tiempo el que era considerado como el país más próspero y adelantado de Latinoamérica, se convirtió en la Isla de la Calamidad.
Para poder hacerse una idea de todo lo que cambió, las nuevas generaciones deben saber que el primer automóvil que llegó a Latinoamérica fue a Cuba. Igualmente, la primera radioemisora, el primer canal de televisión y, luego, el primero en colores fue también en Cuba.
Cuba era el más grande productor de azúcar del mundo, ahora es quizá el último ya que desde hace unos treinta años se ve obligada a importarla de otros países que no han sido “revolucionados”.
Desde hace muchos años Cuba sí es el primer exportador de algo -gente- su población utiliza lanchas, balsas y todo lo que puede para huir en busca de alimento y libertad.
Tanto es el temor del gobierno de que se vayan todos que una isla, rodeada totalmente por el generoso Mar Caribe, no tiene una flota pesquera, “seguro agarran los barcos y se van”, deben pensar los mandatarios.
Durante muchos años la revolución cubana fue mantenida por la URSS, antiguo imperio comunista que tenía bajo sus botas gran parte de Europa.
Cuando la situación se hizo insostenible por el fracaso del comunismo, Cuba dejó de recibir ayuda (unos seis mil millones de dólares al año) y se inició lo que Fidel llamó El Período Especial, que no era otra cosa que “ya se nos acabó quien nos mantenía y ahora no hay qué comer”.
Apareció luego en el horizonte un idiota, Hugo Chávez de Venezuela se sintió un nuevo Bolívar, pero cuya inteligencia no llegaba ni a del caballo del libertador.
Chávez empezó a regalar de todo a Cuba y hubo un poco de mejoría.
Pero, conforme la revolución “contagió” a Venezuela, ahí también las cosas empezaron a arruinarse, al grado que en la actualidad se ve obligada a importar combustible cuando el país cuenta con una de las más grandes reservas de petróleo crudo del mundo.
Finalmente, Venezuela ya no pudo seguir manteniendo su propia revolución (casi ocho millones han huido a causa de ella) mucho menos la cubana así que le cortó casi toda la ayuda.
Las cosas entonces en Cuba pasaron de crisis a caos, situación en la que se encuentra ahora, cuando se ve obligada a solicitar limosna a las Naciones Unidas para poder alimentar a bebés y niños.
La ciudad de La Habana, una joya arquitectónica heredada de los tiempos de la colonia se está cayendo en pedazos, la revolución la ha convertido en ruinas donde viven miserablemente los que no han logrado escapar.
Toda la energía eléctrica que necesita la isla es suministrada por plantas térmicas donadas por la URSS hace unos cincuenta años y que se encuentran también en ruinas por falta de mantenimiento, repuestos y por su tecnología obsoleta.
Los apagones son frecuentes, a veces duran hasta tres días en toda la isla, incluyendo los hoteles de lujo propiedad del gobierno, lo que ha alejado el turismo.
Entre las cosas que sí hace bien el gobierno es suprimir las protestas de la gente, son expertos encarcelando a todo el que manifiesta en las calles su desesperación.
Sólo existe un partido político (el del gobierno), todas las radioemisoras, canales de tv y el único periódico impreso pertenecen y son manejados por el gobierno.
Lo peor del caso es que al perder su posición estratégica con la antigua URSS, Cuba pasó a segundo plano en la geopolítica mundial, realmente a nadie le importa lo que suceda ahí, excepto a sus hijos que se van al exilio o deambulan como zombies en busca de comida por las sucias calles de las ciudades en ruinas.
Finalmente, en el colmo del fracaso revolucionario, una de las principales fuentes de ingreso de divisas son las remesas que mandan sus hijos en el exilio, precisamente obtenidas en países capitalistas como los USA.
Vienen tiempos peores, el próximo gobierno de Trump ya nombró a un hijo del exilio como secretario de Estado, las cosas van a empeorar con Marco Rubio.
Siempre Cuba ha culpado de su miseria al bloqueo norteamericano, pero todo mundo sabe que China puede comprar todo lo que Cuba vende y venderle todo lo que necesita, solo que casi nada se produce para exportar y no hay dinero para comprar, el pretexto del bloqueo ya no lo cree nadie.
Año Nuevo vida nueva para todos, menos para Cuba, a la que le esperan quizá cien años de calamidad.





