Carolina Alduvín
Respuesta corta SÍ. Cierto es que la oferta electoral está como llegar tarde al mercado y encontrar sólo fruta, entre mallugada y podrida. Se sabe que hay opciones con fruta fresca, firme, madura, dulce y muy sabrosa; pero esas no pueden llegar a las estanterías por diversas razones. Aun así, hay que votar; según el Art. 44 constitucional: “El sufragio es un derecho y una función pública. El voto es universal, obligatorio, directo, libre y secreto”. En tal caso, ¿por quién votar? Es importante entender lo que nos señala el Art. 48: “Se prohíbe a los partidos políticos atentar contra el sistema republicano, democrático y representativo de Gobierno”. El partido de los refundidores; al proclamarse socialista, viola nuestra Carta Magna. Así que no vote por ellos.
El próximo domingo 9 estamos convocados a elecciones internas y primarias, participarán los partidos tradicionales y los refundidores. Las encuestas; independientemente de quien las pague, siguen dando enorme preferencia a don Ninguno, su gane representaría que una minoría determine nuestro destino para los próximos años. El Partido Liberal ha repuntado con el reingreso de alguien cuya aceptación entre el populacho, pone nerviosos a quienes le sirvieron de modelo para aspirar, fue acogido por el torcido oficialismo de ese instituto político, tiene entonces el beneplácito de quienes se han eternizado en su dirección. Es tiempo de recuperar las riendas del país. No deja de levantar suspicacias, su exageradamente vistosa propaganda espectacular, hace que nos preguntemos: ¿Quién puede hacer ese derroche? Los fondos propios se cuidan. Así que, por mucho que se asegure que el pleito meligno es genuino… la duda asalta.
Si gana, se sospecha que hay maneras de hacerlo volver al redil, la duda crece. Además, el berrinche que hará su mayor contrincante para lograr la candidatura, podría producir otra descabellada y nefasta alianza; como la que en la actualidad nos tiene en garras del narco y como Estado fallido. Si no gana, corremos el riesgo que toda la chusma liebre que arrastró en su acto tránsfuga, vuelva al redil con su estilo pendenciero a buscar acomodo dentro de las filas liebres, donde no dejarán de ser vistos como parias. A su favor, muestra la disposición a la necesaria alianza para recuperar las riendas del Estado.
Los otros tienen sus seguidores, se les objeta que hayan hecho perder a su partido, que no tienen lo que hace falta para generar aceptación entre los votantes, pese a tener mejor preparación o cualidades. En el otro partido, no deja de percibirse el rastro de las enormes irregularidades que los sostuvieron en el poder durante más de una década y que siguen vigentes sus prácticas antidemocráticas. Entre ellas dos fraudes electrónicos, a los que debemos que el actual fracaso del gobierno liebre se retrasara dos períodos. El usurpador no perdió el tiempo en dejar de lado su tozudez y comenzó a hacer caso de las recomendaciones de sus patrones sudamericanos, imponiendo un congreso a patadas, extorsionando, amenazando o sobornando a los opositores, para lograr acuerdos y favores de parte de los más susceptibles. Prostituyendo al alto mando militar, al grado de ser la vergüenza de sus subordinados y colegas en retiro.
Los políticos que han desfilado desde que se dice que volvimos a la democracia, no dejan de tener decepcionados a todos, en especial a los que conciben al Estado como un botín, del que no son partícipes. A su muy limitado entender, las arcas nacionales son un botín y para acercarse a una posición de asalto hay que invertir en un derecho de piso. Muchas leyes vigentes lo hacen posible, mismas que se niegan a rectificar. Incluso, la propia Constitución ampara tal errada visión, con su Art. 49: “El Estado contribuirá a financiar los gastos de los partidos políticos, de conformidad con la Ley”. Algo que se conoce como la deuda política, por la cual no cesan los intentos de inscribir ante el CNE más y más partidos. En las generales estarán todos.
En los días que corren, a los candidatos locales se les dificulta cada vez más, que haya delegados de sus corrientes en las juntas receptoras de votos. Y para la observación imparcial tampoco hay financiamiento; sin embargo, hay voluntad ciudadana para observar el proceso electoral mesa a mesa, sin preferencias partidarias; para hacer una elaborada vigilancia electrónica que compense la errónea adjudicación a una compañía perteneciente a probados delincuentes electorales. Hay Guardianes del Voto. Vale la pena salir a votar para sacar liebres.





